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Rincón de la Poesía

Rosa José Mª Álvarez Galván
Cádiz



  



 



VACÍO

Solo un rayo de luz acarició mi rostro.
Un halo de polvorienta bruma ocupaba la estancia.
Una sensación de soledad invadió mi cuerpo.
Una leve capa de recuerdos inundó mi alma.

La cuna inerte,
la cama yerta,
la mesa áspera,
de roble amarillo, permanecía impasible.

El blanco de los muros convertido en grises
tapizados de sombras,
por el tiempo,
manchó mis dedos,
cuando quise acariciar el diploma que pendía soñoliento.

Tras el alféizar de la ventana quise dominar la calle,
cuando un halo amarillo y rosa me cegó los ojos.

El sol ocupaba el aposento
que hablaba de las flores, marchitas,
por la falta de riego.
Ya no perfumaban la sala
donde viví media vida,
donde sus cabellos canos lucían,
como encajes blancos,
ante el crucifijo, cual testigo mudo,
de tenues plegarias.

En el aire,
sus besos, puros, como un mensaje,
dulce,
como un remordimiento por las culpas pasadas,
por los errores cometidos.
La luz, como enjambre de abejas,
dejaba ver,
ilusionadas figuras de visiones extrañas
que fundían los colores del tiempo.

No quise violar el silencio.
Sólo unos niños, al alimón,
mirando la fuente,
cantaban a corro.
La luna, la luna,
la luna no está,
la luna me alumbra,
no me alumbrará...

Dejé el vacío,
porque de la alcoba
brotaban los lloros
de las noches tristes,
cuando aquellos ojos caminaban solos
por la oscura estancia,
donde la distancia fue como un abismo
del ayer.
Donde cuando niño ignoré la lucha.
Donde cuando hombre ignoré tu alma.
Donde cuando padre abandoné tu vida.

Dejé el vacío,
y huí,
como rata asediada
de mi propio pasado,
a otro mundo,
porque en él, madre,
vivo hoy mi propio pecado.












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