Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

No hay nada mejor en la vida que mantener la ilusión y la esperanza, dos palancas inapreciables del complejo entarimado en que la comunidad desenvuelve su existencia, las más de las veces con problemas que constituyen su eje fundamental. Por eso, las dos manifestaciones a que aludimos son esenciales, indispensables y capaces de endulzar y vencer, incluso, las mayores adversidades. Los juguetes y los regalos no pueden ser reemplazados y sirven para levantar los corazones, siendo el engranaje de afectos entre personas de las más variadas procedencias.

Recuerdo los años de mi niñez (tendría tres a lo sumo) cuando mi hermana Adela, dos mayor que yo, me trajo de regalo unas alpargatitas coloradas, compradas en la taberna de Esmerado, por cuatro reales, en la aldea Cántabra de Cabanzón. Qué alegría tan grande la mía!

Diecinueve años después (en 1935), con ocasión de mi embarque en el «Juan Sebastián de Elcano», pude corresponder a mi hermana con un juego de té japonés de 45 piezas, que me costó poco más de veinte duros en moneda oriental, y que alguien ha valorado recientemente en medio millón de pesetas. La evolución que en estos años de mi vida (de la vida de todos) han tenido los juguetes y regalos ha sido enorme. Mis hijos, en las décadas de los años cuarenta y cincuenta, se conformaban con escobitas, recogedores, cubitos, tambores y otras chucherías por el estilo. Ahora, mis nietos, exigen bicicletas, muñecas que hablen y hagan «pipí», motocicletas y hasta ordenadores. 

¡Qué avance, Dios mío, el de la técnica! Con razón un paisano mío, que vive en las proximidades de los Picos de Europa, me decía asombrado ante esta evidencia de finales del siglo XX: «¡Lo que avanza la cencia amigo Dobarganes..!»

Y es verdad. La ciencia no se detiene, porque la experiencia de los humanos avanza imparable de generación en generación, y los conocimientos de unos se van transmitiendo a sus sucesores, para éstos, a su vez, enriquecerlos para la posteridad. Este es el sentido de nuestra vida, que no, se rinde ante la evidencia de la muerte. Yo no llego a comprender el afán de esos grupos llamados pacifistas, que, con ocasión de la festividad de los Reyes Magos, se reúnen para proceder públicamente a la quema de juguetes a los que consideran de matiz bélico. Esto carece de sentido, mientras en los cines y por la televisión se permitan películas e informaciones de guerra, de gánster y de toda clase de violencias que van transformando las mentes infantiles, fomentando la delincuencia en sus diversas manifestaciones. Atracos, violaciones y drogadicción están basados, muchas veces, en esas representaciones y no en los juguetitos por los que tanto se preocupan los llamados «pacifistas».

¡De «lo otro» es de lo que hay que preocuparse, amigos, Si queremos una juventud más sana y más temerosa de Dios! ¡Bendita ilusión la de los juguetes y la de los regalos, aunque nos cuesten un ojo de la cara! Los padres, los niños, los novios y los amigos de verdad esperan esas atenciones, que serán correspondidas con ternura, cariño y amor. ¡Los niños! Qué edad más maravillosa para no pensar en nada que no sea el de dar grandes tirones de la cartera de papá, que se tambalea en Reyes y fiestas de relieve hasta quedar vencida y sin posible e inmediata recuperación. ¡Angelitos! Dejadlos que se diviertan, que tiempo tendrán de enfrentarse con la fea realidad. La paga extraordinaria será un sedante. Vamos a «pulverizarla» en esas cosas que representan un complemento material y espiritual excelente para la humanidad, sin pensar en futuro, sino en presente, que es la única verdad tangible.

¡«O renovarse o morir»! reza un popular aforismo, definiendo, exactamente, la evolución del mundo. Está más que probado que no se puede marchar en contra de una corriente impetuosa, ni tampoco permanecer quietos ante ella, porque seríamos irremisiblemente arrastrados por su fuerza arrolladora.






 

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