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(Texto de Luis E. Prieto -inventor de sueños, hacedor de realidades,
creador del Foro dedicado al Grupo Foro de Sensibilidades con motivo
del II aniversario en su segunda época.)



Estábamos acunando sortilegios
desde huecos de silencios asolados
a ambos mares del espacio
que la lengua hace posible a la palabra.

Estábamos encontrando coincidencias
desde la terca soledad comprometida
de islas navegantes o varadas
al borde de pasiones irredentas.

Estábamos pariendo sueños clandestinos
desde oscuros rincones prometeicos
donde la voz cansada se fundía
en millones de imágenes 
y amores atrapados en la pluma.

Y el sueño se hizo grito y luz:
torció el gesto de mamífero insolente
y retó proyectos deseables
desde una pura existencia futurible.
Y vinieron voces novedosas
que sentaron caricias escondidas,
y dolores destemplados
como puses de heridas esenciales,
y suspiros
con músicas sincrónicas,
y manos que buscaron en las manos,
y sonrisas que hipotecaron tristezas,
y soledades electrónicas
disfrazadas de verso galopante o de misterio.

El aire de la isla
se preñó de cantos anunciados
en un maremágnum de promesas.
 
Aquel Archipiélago comenzaba a balbucear quejas y deseos desde los más recónditos huecos de las máquinas eléctricas. Casi nada ofrecíamos, porque sólo teníamos la voluntad del huérfano y la constancia del náufrago divisando estelas de navegantes perdidos. El hueco supo entonces de tercas voluntades para saberse viajero en caminos compartidos. Y supo también de deserciones dolorosas, de ausencias y silencios a los que no fuimos capaces de ilusionar en el proyecto y quedaron perdidas o ignoradas dejando rastros de muecas dolorosas. Pero supo, sobre todo, de fronteras arrumbadas desde la eterna sensibilidad de la voz y el pensamiento, del amor lejano que duele en rostros nunca vistos, de la acariciante certeza de aventuras difíciles que sólo cotizaban en las bolsas de valores de la esperanza. Y llegó el beso cercano, y la piel que toca y reconforta. Y el dolor del silencio, después de tantos abrazos... Y hubo desengaños y fracasos: ¡claro que los hubo! El dolor y la miseria tiñeron consecuentemente el hueco de fantasmas y de quejas... inesperadamente, irreverentemente, apabullantemente. La palabra quedó herida de silencios y aparecieron desiertos irreconocibles que dejaron yermas, transitoriamente, las ideas. El testigo estuvo a punto de la huida...
 
Os juro que tuve la toalla 
largamente dispuesta entre mis manos
cansadas de pasiones sin sentido
que venteaban miserias egoístas.

Os juro que mis lágrimas
colocaron varias veces mis silencios
en huidas hacia espacios
donde poder respirar sin asfixiarme
aires de nuevas ilusiones.

Os juro que mis sueños
fueron a veces conjuros de fantasmas
bailando al son de los enigmas
que iban navegando entre mensajes
al compás de pasiones interpuestas.

Pero el carro
andaba ya tirado de ilusiones:
me venían voces
chorreando caricias clandestinas,
puertas trasparentes
que retornaban el aire,
besos olvidados
que iban juntando risas,
correos especiales
acariciando futuros...

Y el juramento dolido y humeante
se hacía entonces acicate de promesas esperadas...
 
Hubo misterios insondables y disputas compartidas con la palabra como lanza o acicate. El espacio, plagado de kilómetros, de culturas hermanadas pero dispares, se hizo a veces espeso y provocante. Surgieron gritos clandestinos y ausencias que se escondían del bronco clamor de las espadas hirientes. Algunos no volvieron nunca y quedaron tristemente como un nombre colgado de un hueco que luchaba por sobrevivir en la diferencia. Los más retornaron a los sueños vestidos de proyectos novedosos, de emocionados re-encuentros, de voces que dibujaban el presente con sus cálidas texturas. Seguíamos estando, y seguíamos creyendo en los ojos, y en el idioma de los hombres, y en la enigmática fortaleza de los sentimientos distintos y cercanos. Por encima de las zancadillas fuimos renovando los rincones en un respeto complicado y solidario, aprendiendo que es posible aparcar anonimatos y vestir de realidades cercanas patrias distanciadas y pieles nunca sentidas desde el abrazo. Íbamos creciendo y navegando...
 
Inventamos la voz caliente
que iba acariciando versos
en las noches de lágrimas ocultas
o de risas soñadoras.

Quisimos hacer eternidades
facturando con marchamos atrayentes
los sueños que habíamos parido
al socaire de noches de aventuras
o de mañanas atrevidas
salpicadas de largos soliloquios:
re-editamos la voz imprescindible
imprimiendo logros de cálidos papeles,
quejas de largas soledades,
emociones de largos compromisos,
largos y anchos puentes
atravesando ternuras inmutables.

La piel y el beso
traspasaron las fronteras del instinto
sin tocarse ni rozarse.
Avistamos ilusiones
detrás de insomnios invisibles,
en pantallas con espejos parladores,
entre fríos océanos perdidos.

Se quiso tornar a la palabra
que se acaricia y que se huele
por rincones de júbilos y sombras...
 
Habíamos cumplido años entre el dolor, la emoción y la esperanza. Habíamos juntado días sin saber que andábamos fecundando proyectos de ida y vuelta que eran mucho más fuertes que el olvido indiferente de nuestros mundos reales. Habíamos despertado vocaciones bien ocultas, amortiguado cansancios, espoleado fantasías, invocado fantasmas ocultos, macheteado miserias, endulzado lágrimas antiguas, estimulado sonrisas y deseos, conjurado recuerdos duros, amonestado indignidades, acorralado silencios.

Entre todos habíamos descubierto un mundo especial y complicado, y estábamos luchando por hacerlo navegable...






 

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