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Rincón de la Poesía

Rosa José Mª Álvarez Galván
Cádiz



  



 



MI ELEGÍA POR LA PAZ

Estoy siguiendo con la imaginación escondido,
las ruinas que dejan las pisadas de la guerra,
y me cuesta tiempo inspirarme en la poesía.
Sólo veo piedras desgastadas en el camino,
cual si un torbellino de vértigo
haya reducido a cenizas los cimientos de la vida.
La sombra de la paz se pierde en los arrabales del silencio.
Donde los oídos, sordos, deambulan
entre la maleza de una selva, impregnada de odios,
donde no existe el amor.
Ni el cielo abre su luz a los caídos,
porque ya no hay luz.
Sólo sombras, sangre y lamentos.
Son heridas de hierro que aprisionan los cuerpos,
hundidos en la desesperanza.
Son puñales de fuego
en el corazón de la gente,
que lo hunde más y más
al irreparable delirio de la destrucción.
Y un grupo de personas hablamos de la paz,
de unión, de solidaridad,
mientras, la nube de la guerra
va cubriendo nuestros campos,
enseñoreándose por la soberbia inexplicable,
siniestra, de otro ser,
como un sangrante veneno que ciega los ojos de la razón.
Y el abierto camino de esa verdad, 
la única verdad,
que se entiende, por el abrazo humano,
sólo brilla en nuestro silencio,
escondido,
taponando nuestros oídos ante el estridente sonido
del fragor de las luchas
y solo podemos, sabemos, debemos,
si queremos, rezar.
Yo quisiera tener siempre la vida
como un péndulo abierto a la esperanza,
pendiente de la luz y la enseñanza
que el amor nos ofrece a su medida.

Yo quisiera sentir la sacudida
de la paz, y jamás de la venganza.
Poder ver ese fiel de la balanza 
rendir cuentas del bien en su caída.
No desgranar la espiga de amarguras.
No sollozar dormido entre las mieles.
No remover el lodo de la tierra.

No desdeñar la voz de esas criaturas 
que condenan las muertes tan crueles
del inútil sentido de la guerra.


* * * * *


Yo quisiera, poeta, ser la espada,
que reparta justicia por el mundo.
Yo quisiera encontrar cada segundo
el pénsil de la luz a mi llamada.
Yo quisiera sentir cada jornada
ese beso de Dios, bello y profundo
que produce el amor, llano, fecundo,
en la tierra que ansío ver sembrada.

Para ver florecer de los despojos
el cantar de los páramos desnudos.
Envolver con la niebla mi calvario.

Y mirar sin temor, con estos ojos,
que la paz ha bordado en sus escudos
el blasón de su orgullo solidario.












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