Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Por unos instantes, me confortó y enorgulleció el pensar que había tomado aquella decisión haciendo uso de mi plena libertad. Me he dado cuenta, montones de veces, de que quizás fuera más feliz si me acostumbrara a no sobrepasar esas primeras impresiones y no me sintiera tan proclive a enfrentar pensamiento contra pensamiento.

En esos momentos, mi subconsciente me llevó a cuestionarme mi verdadera libertad en mis acciones. Mi reflexión comenzó por plantearme que quizás tuvieran razón los antiguos griegos cuando, observando el regular ciclo natural, intuyeron que todo en la vida experimentaba ese lógico transcurrir. Así, los hombres estábamos también sometidos a un destino inexorable, al cual, según los estoicos, era mejor resignarse para poder alcanzar la felicidad. Siempre juzgué muy cómodo este razonamiento porque nos eximía de culpa y responsabilidad ante todas nuestras acciones equivocadas, pues no actuábamos a nuestra voluntad. Pero el cristianismo vino a darnos la libertad al dotarnos de libre albedrío, aunque, realmente, volvió a predestinar nuestro futuro a la voluntad del Dios todopoderoso. ¿Somos realmente libres en el cristianismo? Tal vez, mi comportamiento de ese día ya estaba escrito.

Mis pensamientos evolucionaron con la historia del pensamiento, y, con miras en la modernidad, me acerqué a la idea de Sartre de considerarnos condenados a la libertad. Me gustó creer que esto pudiera ser así si no intuyera la imposibilidad de dejar libre a toda la humanidad. Y se me vino al coco la apreciación del superhombre de Nietzsche, porque algo diferente habría de tener el hombre capaz de vivir sin ningún tipo de coacción ni influjo exterior y, encima, ser feliz y vivir sanamente. Pero no tengo idea cierta de la existencia de ningún superhombre, y los que han creído que lo han conseguido han rozado casi siempre la locura.

Como seres humanos, somos sociales puesto que vivimos en sociedad, y nuestra libertad siempre está condicionada y constreñida por alguna obligación o moral o social. También decía Marx que las condiciones económicas determinan la libertad del hombre, y vi que con las necesidades cubiertas, quizás, pudiéramos hacer y decidir más libremente. Pero, por seguir poniendo apreciaciones, estimé que también es más libre el que más sabe, o el que menos atado está a las convenciones sociales. 

Llegada a este punto, mi divagación me llevó a considerar que la libertad pudiera estar en la conciencia de cada uno, pero también choqué con la simpleza de creer que existe una conciencia libre y no condicionada por la situación histórica y personal de cada uno. Estaba perdida ante la desazón que me procuraban todos mis argumentos cuando vi la luz de mi libertad en el simple hecho de sentirla por un solo momento. Aunque hubiese estado escrito en mi destino, aunque pude hacerlo porque las condiciones sociales y personales del momento lo permitieron así, yo, en ese momento, me sentí libre.








 

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