|
HABLANDO CON EL VIENTO
Tras la ventana, escucho el rugir del viento
que trae la madrugada.
Ruge furioso, como huracán embravecido
que pasa... y pasa sin ser visto.
Y al pasar, en la callada noche parece
hablarme en sus silbidos.
Atenta, escucho su paso para ver qué
me ha dicho.
Y me dice que eres libre recorriendo
los caminos.
Y con el pensamiento pregunto como
si hablara contigo.
¿Dime, viento, cuántas cosas a tu paso
habrás visto?
De momento el viento calla,
como si me hubiese oído.
Mas de nuevo escucho sus rugidos
más fuertes y más embravecidos
sintiendo el dolor que lleva
por las cosas que habrá visto.
Me cuenta que allí en la lejanía
fue dejando destrucciones
de guerras y hogares perdidos,
niños que lloraban de hambre
y de frío, pateras que cruzaban los mares
aferrándose a ellas por encontrar
los horizontes perdidos.
El viento se calma,
y se vuelve dulce brisa,
susurrante en mis oídos.
Mas, no temas, me dijo,
como si en mis pensamientos
se hubiese metido,
pues no todo es destrucción.
Ya que al llegar el nuevo día,
y el alba le hace brillar
su lucero escondido,
va iluminando montañas,
valles, campos, mares, ríos,
pueblos blancos y ciudades,
pues aún el mundo
no esta perdido.
|