Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Una mujer
me mira desde la angustia
de un paisaje malherido
que desprende fuego
y soledades.

Una mujer
me mira sin ojos
quemados en preguntas sin respuestas
que me inundan.

Esa mujer me mira asustando sus ojos en mis palabras, tan asustadas como sus ojos; interrogando futuros en mis labios, que nunca prestidigitaron esperanzas; derrumbándose en la explosión de lo negro que va moldeando las cábalas de las horas; dejándome en la soledad del invencible, que siempre fracasa.

Esa mujer es pasado de mil lunas que sangran promesas aguardadas, risas de bocas que se fruncen en el miedo, en la consistencia fatal del descalabro de la suerte, en la amargura de que lo próximo será el dolor y la incerteza; en la certeza de que la piel, cuanto menos, se cubrirá de llagas, y un cansancio hondo y sin milagros se instaurará en su cuerpo mutilado.

Esa mujer me suplica que descubra la magia que debo guardar en mi archivo científico, que mis manos (¡mis manos!) hagan malabarismos con el cáncer que le quema, aunque aún no le queme; quiere convertirme en un dios cercano y cotidiano, en un hacedor de imposibles para que el abismo entre el presente y la duda le sea factible y ampare los descalabros de la suerte.

Una mujer
sin pelo y columpiando
la muerte próxima
me suplica sin voz,
me llora sin lágrimas...

Esa mujer me derrumba las manos y los ojos.






 

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