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Antes de decidirse a volver a los estudios, a los sesenta y ocho años de edad, Ramón consideró los frenos y prejuicios contra los que debería luchar que acostumbran a forjar el mito de una vejez inútil y pasiva.

La mitología sobre la vejez arranca de la negativa concepción que ha tenido este ciclo de la vida del hombre a lo largo de toda la historia. Griegos y romanos tenían opiniones contradictorias, pero el modelo social gerontocrático prevalecía y se mantuvo hasta que los bárbaros asolaron occidente y el poder pasó a residir en la fortaleza corporal. La idea del carácter decrépito y melancólico de la vejez persistió durante la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco, y su influencia llega hasta hoy en día. La tónica general ha sido la de rechazo y asociación aristotélica de la vejez con la enfermedad, aunque ambos conceptos se lograron separar con los avances en Medicina. Ahora que la sociedad requiere otra imagen de la ancianidad, ante las nuevas necesidades demográficas, no resulta fácil acabar con el mundo de creencias que ha dirigido nuestra civilización durante tanto tiempo.

Ramón se encontraba fuerte y con ganas de hacer cosas nuevas, y se daba cuenta de que debía luchar contra mitos como el de la inutilidad de los mayores, a la vez que se ponía como ejemplos a tantos personajes históricos que han vivido productivamente en la sociedad hasta alcanzar altas edades. Pensaba en Hipócrates, Platón, Ramón y Cajal, Winston Churchill o Golda Meier. También se olvidaría del mito del envejecimiento cronológico, porque se acordaba del deplorable estado de su madre a su misma edad, y se daba cuenta de que no sólo la edad mide el estado de una persona que es condicionada por numerosas circunstancias sociales, fisiológicas, psicológicas... Pero Ramón percibía lo difícil que era luchar contra estos mitos tan fuertemente arraigados en la sociedad cuando son los mismos ancianos los que los tienen enérgicamente asimilados y contribuyen a su propio malestar psicológico. Y es que estas creencias sobre la vejez, fijas y repetidas indefinidamente, han conformado un modelo a lo largo del tiempo que define a este colectivo mejor que la cambiante realidad.

Entreviendo la dificultad de ser pionero en esa avanzadilla que ha de labrar la idea de los nuevos viejos, Ramón ha decidido hoy ir a matricularse.







 

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