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Recientemente, nuestro ínclito y preclaro presidente del Gobierno, Sr. Aznar, hizo unas precisas manifestaciones tildando de "televisión basura" a buena parte de la programación de las emisoras que operan en España. Naturalmente -aunque esto lo venimos repitiendo desde años ha todos los que tenemos un mínimo de sentido común-, viniendo las aseveraciones de tan ilustre y calificado personaje, se formó el consiguiente revuelo entre los profesionales y habituales del medio tratando cada uno de argumentar lo inargumentable para defender su parcelita.

Haciendo memoria, creo que es de las pocas veces que el Sr. Aznar ha abierto su boca y se le ha escuchado decir verdad absoluta. Porque, ciertamente, la TV en este desilustrado país -aunque no les va muy a la zaga la francesa, italiana o británica-, es en su conjunto una auténtica basura. Las cadenas o emisoras televisivas compiten en obtener cuota de pantalla como sea, sin el menor reparo, sin escrúpulos, sin que les importen un pimiento lo que arrojan por los prostituidos entramados de sus etéreos y solicitados colorines.

Revistas del corazón, prensa rosa, musicales, magazines, concursos... Cualquier título, argumento y hora es bueno para que las pantallas se nos llenen con las chorradas de un señor en plan cabra loca, despelotándose y haciendo graciosas mariconadas (puro desprestigio para un colectivo bastante más serio y con muchos más valores), con las barriobajeras peleas de dos marujas que se amenazan, se ponen como los trapos, e, incluso, se jalan de los pelos, o la habitual tertulia de los que se autotitulan con ademán serio e imperioso -y hasta jactansioso- "profesionales de la información" -generalmente, dos o tres marujas, otros tantos marujos y algún marujón- que nos traen con pelos y señales las más frescas noticias sobre los cuernos recién puestos por fulanito, torero él, a fulanita -modelo e hija de famosa- con una mengana -mitad trepa, mitad pendona- que antes fue la esposa de zutano -famoso teatrero- y ex-amante de repijano -empresario discotequero y manager de zuripantas de alto standing-...

Naturalmente, en esta nómina de famosos e ilustres entran de pleno derecho, en el plano femenino, folclóricas, tonadilleras, actrices, presentadoras de TV, vedettes de lo que sea, modelos de lo que sea, miss de lo que sea, ex de lo que sea, y hasta alguna que otra duquesa y baronesa. En el masculino, aunque en los principios copaban los puestos determinado conde y otros componentes de nobles dinastías, la actual tendencia es hacia los toreros y gente del cine y del mundo de la farándula, sin que falten futbolistas, representantes o managers de lo que sea, empresarios, presidentes futboleros, trepas y rompebragas de diversa procedencia, etc. A ello, mire usted, hay que sumarle la ultimísima: un bizarro y galán alcalde, que, salido hasta las trancas y antojado en su antojo, se ha puesto el mundo por montera, a dicho esta jaca es pa mí y, al son de la tonadilla, se ha tirado a los peligros montado en potra de nácar, sin bridas y sin estribos. Con su pan -y sus pelos- se lo coma... Y, lógicamente, tanto de las unas como de los otros, también nos llenan los oídos y el alma con las aventuras y desventuras de sus sufridas madres, los pendoneos de los padres, las cosillas de los hermanos, las declaraciones de los criados y criadas, de las modistas, los ex novios, las ex novias, los ex amantes, los... En fin, todo cuanto tenga que ver con la nimia cosa esa por la cual salen los cuernos.

En realidad, las televisiones no hacen sino darle al espectador lo que pide y por lo que se interesa. Tengamos en cuenta que programas culturales como "Blanco sobre negro" o "Saber y Ganar", divulgativos como "Redes" o "A su salud" o series documentales de la talla de "Fauna salvaje" o "Grandes documentales" obtienen índices de audiencia de apenas un 1%, mientras los referidos "programas basura" consiguen tasas superiores al 30 por ciento (tasa ésta sólo superada, ocasionalmente, por esos grandes encuentros de fútbol que suelen denominar "partido del siglo", y que, curiosamente, suelen haber varios cada año).

Así, pues, tenemos lo que nos merecemos (en realidad, muchos sólo lo sufrimos). Pero lo que jode de todo este invento es los ejemplos y la educación que -dado que cogen todo el espectro horario diurno, de maitines a completas, y por muy restrictivos que seamos los padres-, tales engendros trasmiten a nuestros hijos. 

Decididamente, nos han convertido el otrora maravilloso invento de la televisión en la mayor cloaca que jamás pudiera contemplar nuestros ojos. Menos mal que no huele, porque, si no, tendríamos que acercarnos con mascarilla de oxígeno.

Por último, y a modo de conclusión, una interrogante: ¿A qué tanto interés por los cuernos, las frustraciones sentimentales y las tantas miserias de los demás? 

Puede que no, pero quizás es que, a su modo, los cuernos ajenos les resta inquietud y temor a quienes mantienen sospechas de ser (o llegar a ser) protagonistas únicos y exclusivos en película semejante. Y tranquilidad -por ser tan sólo uno más entre tantos- a los que fueron perdiendo las dudas por el camino.







 

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