Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Me dice un estimado isleño que exponga su opinión sobre el veraneo en pleno desarrollo en este año, y especialmente sobre la conveniencia de que cada hijo de vecino pueda vivir durante uno de los meses desligado totalmente de sus habituales ocupaciones. 

La tesis de nuestro amigo, que compartimos plenamente, es la siguiente, y la verdad es que no carece de interés: 

1º Todo ser humano necesita de un período de descanso, con preferencia en campo o playa, para reflotación de sus fuerzas físicas, gastadas y maltrechas durante su esfuerzo cotidiano.

2º El período de descanso al que aludimos debiera imponerse, incluso para esos que se creen «indispensables» en todo momento, pues, aparte de la recuperación de sus fuerzas, los beneficios de orden intelectual y moral serían notables, ya que se desterraría la abulia a que la repetición de cosas conduce, y también a ese modo de embotamiento mental que la permanencia ininterrumpida de días y más días en covachuelas calcinadas, ha de traer consigo.

3º Se obligaría a los «pluriempleistas» a hacer un alto en el camino, con el consiguiente alargamiento de sus vidas, porque las estadísticas vienen confirmando que las anginas de pecho y otras calamidades de este tipo se centran en las personas de excesivas ocupaciones, y, sin embargo, son refractarias a los gitanos, los «hippies» y otras personas que le han dado un tiro al trabajo. 

No está mal, amigo Filipo, no está mal esa forma de enfocar la vida de manera tan realista y práctica. ¡Quién pescara un mesecejo en clase pobre, al margen de toda actividad, con preferencia en el campo y en lugar totalmente alejado del mundanal ruido!, «como los que disponen de pasta ilimitada y buenos propósitos»... 

Aires sanos, buena alimentación, algún ejercicio físico, nada de lectura de índole repulsiva, nada de guerra y, por añadidura, siestas sobre verde campiña, bajo las delicias de frondoso arbolado, y bien acompañado sentimentalmente. 

Por lo expuesto nos daremos idea de que Filipo no tiene ni pizca de tonto, que sabe lo que quiere y lo que conviene a su salud. Pero el quid de la cuestión es que existen muchas personas que, «por razones especiales», no quieren dejar el timón provisionalmente en otras manos, y por eso defienden a capa y espada la no conveniencia de irse de vacaciones, porque, según ellos, se tambalearía todo el sistema administrativo y orgánico de la empresa. 

Con esta mentalidad no se va a ninguna parte, y contra ella lucha el bueno de Filipo a brazo partido, insistiendo, una y otra vez que nadie es indispensable, que cuando uno muere otro lo sustituye, y así viene ocurriendo a lo largo de los siglos sin que se resquebrajen las estructuras fundamentales de las naciones. 

A este respecto recordamos a una persona que no se tomaba descanso ninguno porque, en su opinión, no había quién le relevase en su, para él, complejísima actividad, y rechazaba todos los permisos que le ofrecían sus jefes. Pero un día cayó enfermo de gravedad y fue relevado por un señor de la oficina inmediata sin problemas de ninguna clase. Entonces se dieron cuenta de que el funcionario renunciaba a sus permisos, no por la dificultad de su labor administrativa, sino por las comisiones que recibía de proveedores, que no quería compartir con nadie, ni que se enterasen de sus trapisondas. 

¡Un verdadero pájaro de cuenta!





 

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