Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Macondo, tierra mítica donde pasan cosas tan reales que parecen ficticias, territorio dado a conocer por Gabriel García Márquez a los ojos del mundo, es como siempre un lugar común en Colombia. Un batallón de soldados, internados en la manigua, con la misión de combatir grupos insurgentes y actividades ilícitas, recorre palmo a palmo las entrañas de la selva, cuidando de no pisar minas antipersonales, olvidándose del baño diario, de la comida diaria. Fatigados como sus trajes, algunos con dolores de calambres severos, otros con hipersensibilidad al colon y el hígado, todos con heces fecales matinales no compactas, diarrea recurrente, pérdida de peso y agotamiento, encuentran en la palabra patria un aliento.

Presos de fiebre y dolores musculares, con síntomas de deshidratación y bolsillos vacíos como sus estómagos, encuentran el equivalente al premio mayor de la lotería para cada uno. Una vez en casa, todos piden la baja e inician el derroche con los dólares encontrados, imitando historias de mafiosos vistas en cine: gastando a fajos en compras y en prostíbulos, cambiando (lavando) dólares por la tercera parte de su valor.

La misión, encomendada por sus superiores era, además de parca, clara: llegar a la antigua zona de distensión y participar de las acciones de retoma por parte del Ejército. Así lo hicieron combatiendo por mas de un año, cantándole a un trapo tricolor llamado bandera.

Se internaron en la selva, lejos del sol y de los alimentos, sufrieron mucho tiempo, hasta que encontraron un sitio abandonado por el enemigo, con material de intendencia. El Domingo de Ramos, 13 de abril, encontraron un sitio donde los otros guardaban alimentos, intensificando la búsqueda hallaron otro escondite con armas y munición. Y así, mientras pasaba la Semana Santa fueron ubicando los lugares secretos.

Estaban allí, afincados en territorio que antes dominaban otros, disfrutando de esas instalaciones, mejorando la alimentación y disfrutando el descanso hasta que la calma se rompió con el estallido de una mina antipersonal. Había explotado al paso de un suboficial que resultó herido. Luego, al intentar desactivar el campo minado encontraron una caneca de la que salieron varias bolsas negras con muchos billetes verdes y un pacto de silencio o muerte, era Viernes Santo.

Pronto llegó la orden de traslado a Popayán y los 147 militares subieron al avión, entre sus morrales una carga inusual, estimada por unos en 15 millones de dólares; el equivalente a cerca de seis mil años de salario de uno de ellos.

Al llegar a la sede del batallón algunos usaban el tiempo libre en ir al parque con su familia a darle pasto a los patos y otros para ir con sus amigos a darles pasta a las chicas. El gasto desaforado de dinero en prostíbulos de Popayán, cuentas individuales por mas de mil dólares diarios durante un fin de semana, alertaron a los investigadores. Los pagos en dólares, empezaron a ser comunes en las casas de "genocidio", como llamaban a las de lenocinio aquellos soldados. Los centros comerciales de la pequeña ciudad también vivieron una insospechada bonanza con la llegada de los compradores de contado. Las casas de cambio de divisas notaron gran crecimiento en el flujo de cambio de dólares durante días.

Inesperadamente, 40 soldados solicitaron el retiro y otros más abandonaron el servicio sin causa, las autoridades sospecharon lo que ocurría y acopiaron información de media ciudad: Compra de casas, carros suntuosos y electrodomésticos por jóvenes soldados que hasta hace poco no ganaban lo suficiente para pagar lo básico.

Descubiertos gracias al uso del polígrafo y la inteligencia, se metieron ahora en líos con las autoridades, algunos denunciaron incluso amenazas de muerte de los grupos insurgentes para que les devolvieran el dinero, otros extorsiones, y lo imaginado cuando hay tantos fajos e intereses juntos.

Ahora, el problema de ética divide el país: que si lo encontrado es de ellos, que de un ilícito, que de la nación, que cárcel, que renuncias. Que problemas los que inundan a Macondo.
  






 

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