Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
"Que fácil es protestar por la bomba que cayó
a mil kilómetros del ropero y del refrigerador..."
Silvio Rodríguez - Canción en harapos
 
Bojayá, Colombia 2 de mayo de 2002, entran al humilde caserío los Caines de turno persiguiendo sus odios, mirando al suelo; avanzan con ojos enrojecidos llevando entre sus brazos máquinas de destrucción; las gentes corren despavoridas temiendo el holocausto, siembran ellos sus rencores en cada paso; cerca de allí los campesinos dejan sus azadones para regresar a su hogar, detrás de una ilusión van sembrando quimeras con su frente en alto y sudorosa; sus ojos se llenan de lágrimas de felicidad al ver a sus hijos correr al encuentro de sus brazos. 

La noticia llega con los ruidos de la muerte, los Caínes se enfrentan entre sí y avanzan hacia el pueblo, cultivan sangre y destruyen cada cosa y casa a su paso; en medio del fuego cruzado, las madres toman a sus hijos y buscan refugio en la Iglesia; los combates siguen y el olor a rabia empieza a apestar, en el templo las almas taquicárdicas se calman cuando el sacerdote en oración empieza sus plegarias, mientras el incienso cubre el aroma a miedo.

Un campesino que no llegó a tiempo a abrazar a sus hijos, implora de rodillas que lo dejen seguir con su paz hacia la iglesia a encontrarse con su familia, Caín le dispara en vano, lleno de rabia coge una quijada de burro en forma de pipeta de gas y da la orden de dispararla sobre la parroquia; una madre deja de amamantar para salir a impedirlo, ofreciendo sus pechos a las ráfagas, venciéndolas.

La quijada se eleva por los aires y explota en el interior del santuario labrando 119 muertos, la mayoría niños entre uno y ocho años; Caín trata infructuosamente de destruir, pero todo esfuerzo suyo es inocuo. las víctimas colman de inmediato la entrada al cielo.

Pasado el sacrificio, 1.744 familias sobrevivientes se desplazan a Quibdó a extrañar a sus hermanos, en ellos la semilla de los trastornos sicológicos post-traumáticos no hace mella; algunos vuelven al pueblo a seguir sus ilusiones porque tienen la certeza de que no estarán allí los miserables. Es cierto, ya no están ellos, fueron espantados por la grandeza de una cosecha que siguió su curso delante de las ruinas de un pueblo paciente y trabajador, una cosecha dejada por los azadones que cayeron por culpa de las armas; una cosecha que espera pacientemente a quienes ahora regresan a su parcela para que recojan sus frutos, frutos que pisoteó el maligno de manera estéril; su siembra había vencido el infructuoso cultivo de odio que vanamente dejó Caín.






* Las 119 muertes ocurrieron cuando un grupo armado lanzó un cilindro de gas cargado de explosivos que alcanzó una iglesia donde se refugiaban 300 habitantes de la población de Bojayá, en Colombia.

 Cubrimiento de los medios de comunicación a la tragedia de Bojayá 
  






 

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