Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Ha sonado mi clarín antes de que la bestia asomara sus cuernos de fuego y sangre atenazando el miedo irreverente.

Gardenias colgaban de tus ojos.

Hombres-hormigas se afanaban en deslumbrar asedios por los rincones del día.

Sonó un saxo al otro lado del recinto en el que se dirimía la taumaturgia de la muerte constante.

Una niña jugaba con cintas de colores entre el humo de los rascacielos y de los cementerios.

Por las azoteas blancas sin blancos se había escondido un sol de justicia sin justicias.

Solos los dos en la soledad de las palabras en silencio. Solos entre espirales de afectos.

El toro de fuego y rabia barruntaba el miedo babeando las arenas con la impaciencia de años de espera en los corrales del dolor añejo.

Fue cuando me dijiste:

- Ahora, acaso... podríamos inventar un mundo diferente...

Te miré sin verte, descastando recuerdos en mis labios. Te dije:

- No existen mundos diferentes. Todos ya fueron inventados...

Se me vino el cielo entre paredones grises para que las lágrimas no tiñeran de rojo nuestro albero.

Un borracho de lunas jugaba a la ruleta con la vida, mientras se iban perdiendo las notas del "humo ciega tus ojos" que el saxofonista parapléjico se afanaba en regalarnos.

Nos vomitamos sin saber hasta cuándo nuestros ojos volverían a encontrarse.

Intenté sacar mi pañuelo blanco para oler tu perfume... pero una ola rabiosa me lo arrancó de las manos y salpicó de verde las escalinatas de la huida.

Intenté decirte:

- Bueno, igual aún queda algún misterio conjunto por descubrir...

Pero ya te habías difuminado en la bruma.




 

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