Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Mi amigo y compañero Andrés tenía grandes condiciones para el mando de fuerzas, cualidad que -según nos enseña la Ordenanza Militar- ni se adquiere ni se aprende, sino que nace con el propio individuo y la educación, únicamente a través de los avatares de la vida. 

Estas condiciones bien las puso a prueba el recordado Andrés en su último destino como contramaestre de cargo en uno de los buques de la Armada; pero para mí que su mayor mérito, a lo largo de su interesante carrera, fue el alcanzado hace varios años -ya en situación de pasivo- desde el que él consideraba "puesto de mando" de su casa. Este hecho que voy a relatar es una prueba irrefutable de la valía y sueños de esos hombres maduros, que llevan en la masa de la sangre un espíritu orgánico envidiable. ¡Lástima que estén ya arrumbados y no tengan ocasión de hacer ver todos sus méritos al frente de algún importante cometido civil, y los veamos "meditativos" por nuestras calles y alamedas!

Con motivo de unas obras de alcantarillado que se realizaban en la calle donde vivía Andrés, fue abierto un gran boquete circular, sin que los obreros del Excmo. Ayuntamiento tuviesen la precaución de dotarlo de las necesarias defensas para evitar el peligro, máxime existiendo a varios metros una luz bastante mortecina.

Nuestro hombre, comprendiendo que sus familiares y sus vecinos podrían caer en la zanja al salir de sus casas, tuvo la genial idea de movilizar a todos los rapazuelos del barrio dirigiéndoles la palabra, a modo de arenga, desde su azotea:

-¡Muchachos!... La vida de los niños y de toda la gente está en peligro. ¿Queréis realizar una obra humanitaria cercando de adoquines esta fosa?

Y dos docenas de rapaces, al conjuro de aquella voz venerable y enérgica, se pusieron en movimiento con todo desinterés y realizaron la operación magistralmente en menos que se reza un Padrenuestro. Yo me quedé asombrado al observar aquella febril actividad, de los voluntariosos muchachos, dirigida en mangas de camisa por el amigo Andrés, el contramaestre de la Marina de Guerra, que daba la impresión de estar ordenando la maniobra de vergas, cangrejos y escandalosas de un memorable velero, con su pito a flor de labio y su gesto feroche de hombre de mar curtido por las brisas de todos los mares. ¡Le daban el apodo de "Ventolera"!

No pude menos, entonces, de felicitar de corazón al buen amigo y camarada de inolvidables viajes por esos mundos de Dios, que conservaba la virilidad y el tesón de aquella época feliz de rudo hombre de mar, y terror en tierra de sujetos desaprensivos.

Andrés ya pasó a la vida eterna, dándonos a todos un verdadero ejemplo de religiosidad, comprendiendo que sus sueños de mando terminaban, para ponerse, con toda sencillez, a las órdenes del Supremo Hacedor. Sus medallas, cruces y otras recompensas han sido sustituidas por el premio inigualable de la Gloria.





 

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