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En algunas circunstancias nos damos cuenta de la prodigiosa capacidad humana para hablar e inventar sobre cualquier motivo que se cruce en nuestro camino. Hablar de determinadas cosas, además, alrededor de una taza de café, tiene su encanto particular.

Sucedió en una merienda de esas que tienen las amigas para contarse lo más significativo que sucede en sus vidas. Como lo más natural del mundo, comentaba Belén que, debido a la lesión muscular que sufrió en el último entrenamiento, iba a una clínica a hacer rehabilitación y a que le dieran masajes en su pie izquierdo.

Tímidamente, explicaba que se encontraba bastante mejor, pero utilizaba una serie de circunloquios que se intuía que dejaba algo sin contar. Finalmente, dijo que se había ligado al fisioterapeuta que le daba masajitos y que vendría a recogerla a las siete y media. Todas se alegraron y bromearon con la irresistible seducción de sus pies.

Faltaban unos minutos para la hora fijada y el joven llegó a recoger a Belén. Su 1,85 de estatura, pelo castaño claro, ojos oscuros y fuertes hombros marcados por la camiseta, fueron causas suficientes para que las amigas maldijeran el no haberse dolido ellas de algo que hubiera, rápidamente, aliviado ese apuesto mocetón. Tras saludar, ambos se despidieron dejando a las chicas con esas caritas abobadas que dicen que deja la sana envidia.

Entonces empezaba lo más divertido de la velada, la sarcástica conversación sobre la "fortuita" casualidad de lastimarse un pie para conocer a ese bombón. Sonia empezó a hablar, románticamente, de que debían haber hablado mucho durante las largas sesiones terapéuticas, pero tuvo que reconocer que sus horribles pies no hubieran movido al romanticismo. Silvia avisó de que para los chinos los pies eran altamente eróticos y de que los masajistas debían conocer los puntos exactos para potenciar el sex apple, aunque aseguró que no veía a Belén entonada con aquellos seductores manoseos. Todas reían mientras Silvia decía esto haciendo insinuantes movimientos. Marta habló de las musculosas piernas de Belén y del musculoso aspecto del joven, por tanto, el amor tuvo que surgir de la química común. Lola dijo que no tenía nada que ver porque debía ser más erótico un masaje en unas pantorrillas carnosas como las suyas...

Y siguieron hablando hasta que llegó la hora y se fueron despidiendo. Se alegraban de que hubiera ocurrido algo que diera salsa picantona a su encuentro. El caso es, después de tanto tiempo, hablar...







 

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