Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Sábado, cuatro de la mañana, es la hora de los borrachitos. Cuando han dejado a los cuates, cuando emprenden el regreso presintiendo la cruda etílica y la cruda moral; cuando la calle es suya. Están empeñados en demostrar que la Tierra es redonda y que por eso se caen, apoyándose uno en otro, volviéndose monotemáticos, porque tú no me quieres, yo lo sé, tú, sí, tú no me quieres; llorando, haciendo eses, cantando, dando explicaciones al silencio, es que estoy un poco cuete, un poco persa, tantito, tantito briago, versiones más suaves que borracho o pedo, menos literarias que ebrio, menos técnicas que dipsómano o alcoholizado. Y meando aquí y allá, salpicándose los zapatos, los pantalones y calcetines, pero si me falta un calcetín ¿a dónde lo habré dejado? tú me lo quitaste porque tú no me quieres, yo lo sé, tú no me quieres, tú me lo quitaste ¿qué fue lo que me quitaste? Y equivocando el rumbo y finalmente dando con la casa, y con la llave y acertando en la chapa. Hasta entrar y sentirse con sobredosis de soledad como antes fue con sobredosis de compañía cuando estaba en la cantina, la fiesta, la reunión familiar, y ya amenazaban pelearse todos contra todos.

Y así, llegados a la casa, los borrachitos piden auxilio intentando dar con un cuate, un cuate ¿qué? que se amanece ¿por qué se amanece? Quién sabe, tal vez sea periodista o velador, ahorita vemos. Pero equivocan el número de teléfono, llamándolo a su casa, donde atiende una voz de esposa somnolienta. Entonces cuelgan sin decir palabra, avergonzados; mientras la esposa del cuate -que se cree vigilada desde que inadvertidamente recibió en la calle un volante del EZLN- cae desvanecida. Y en ese momento de cruda etílica y moral, de sobredosis de soledad, los borrachitos buscan un revólver y se disponen a suicidarse. Pero de pronto se quedan profundamente dormidos en el sillón de la sala, extendidos a todo lo largo, los brazos colgando, el revólver caído. Que, por lo demás, está descargado.





 

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