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Rincón de la Poesía

Rosa Manuel Arjonilla Terrero
Cádiz



  



 

PEQUEÑOS POEMAS A UN RETRATO


Me duele tu silencio
y me duele, también,
esa mirada ausente
de tus ojos.

Me duele tu voz
cuando me hablas, muda,
tras el fino cristal
que te limita.
Y me duele, sólo a veces,
la risa permanente de tu boca,
que parece escaparse
de ti misma.
 
2
¡Qué duro tu silencio con las cosas!
Ni aún a mi voz contestas
cuando te hablo a solas
sin que nadie nos rompa
nuestro otoño.
El tiempo te ha vestido de nostalgia
y, sólo mi pluma,
sabe escribir tu nombre sin herirte...
¿Por qué no me contestas?
Bien sabes tú, que mi dolor,
es una fuente más
de aguas amargas.
 
5
Hoy no sé qué decirte.
Me oprime la madera que te cerca
y, hasta el cristal,
ese cristal que siempre te limita,
enturbia la sonrisa de tus ojos.
La sombra de mi cuarto
va dejando en las cosas
esa nostalgia eterna de la noche
y tú mientras, opresa,
no te atreves a buscar nuevas auroras.
solo esperas mi voz y mi silencio
que es una voz, también,
para nosotros.
 
4
Hoy hablaré contigo
cuando todo nos niegue su palabra,
cuando tú, solamente,
me puedas comprender todas las cosas.
Hoy hablaré contigo.
Tú siempre me sonríes cuando lloro
y cuando mis palabras
me niegan el calor de tu presencia.
Hoy hablaré contigo
porque me duele el alma
y, el corazón -ausente de mí mismo-
quiere hacerse canción en tu silencio.
 
5
Empaño tu cristal porque creía
que no querías verme.
Fui tan duro contigo por la tarde
que, hasta la tarde,
se marchó sin decirme que se iba.
Ahora vuelvo a quitarte la niebla
que cubre tu mirada
y decirte que la noche
será el testigo mudo
de nuestro enfado íntimo.
Después, te cubrirá el silencio,
-un silencio de rosas y de estrellas-
para dormir tu grito eternamente.
 
6
Me gustaba llamarte
cuando la noche ahogaba
mis palabras;
cuando mis pasos eran
un crepúsculo gris
de tarde rota
y, cuando mis ojos,
penetraban en ti calladamente.
Me gustaba llamarte entonces,
porque sabia, ciertamente, que mis pasos
buscaban el áspero camino de tu ausencia
y porque tenía miedo de quedarme solo
frente al duro castigo de tus ojos.
 
7
Aunque no digas nada,
yo sé, dentro de ti, un nuevo despertar
de nubes y de otoños.
Tú has querido decirme, muchas veces,
que tu letargo era permanente
como el duro recuerdo que me llena la vida.
Pero todo es inútil, porque tu voz,
-presa en ti misma-
no se atreve siquiera a pronunciarse.









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