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De la vida misma
Es mucho ya el dolor. Tengo partido
el corazón -lo sé- en mil pedazos;
la vida me va dando sus zarpazos
y cada día me siento más herido.
Mi ansia de vivir se ha consumido.
Mantengo la ilusión sólo a retazos.
Mi vida ya no es vida, ni son lazos
aquello que nos une al ser querido.
Sorbo a sorbo me bebo mi amargura.
Me oprimen más y más en mi estrechura
y han tomado mi barco al abordaje...
Por no tener, no tengo casi nada.
Quiero morir, quedarme en la estacada
porque ni fuerza tiene mi coraje.
A veces pienso, amor, que eres el hilo
y yo la aguja donde tú te enhebras;
que en algunos momentos te me quiebras
dejándome en suspenso, como en vilo.
Es un hecho que siento y que cavilo
para saber por qué te desenhebras;
por qué se parten sobre mí tus hebras
y no puede mi aguja darte asilo.
Pienso, mi amor, que esa simple ruptura
es muy fugaz, mas deja a mí estrechura
incapaz para el ansia de tenerte...
Yo no intento siquiera retenerte,
porque sé de una fuerza que te empuja
a enhebrarte de nuevo con mi aguja.
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