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Tener un pasaporte de color violeta ha sido para muchos de mis compatriotas un martirio, el simple hecho de llevarlo les ha pesado como una cruz. Es que la señal de ser colombiano no pasa desapercibida y se hace penosa para muchos al salir del país o incluso aún en él. La mala prensa que ha sufrido las condiciones políticas y económicas de Colombia hace que se generen prejuicios, porque aquí no todos somos políticos marrulleros, ni se basa nuestra economía en exportar ladrones y narcotraficantes.

Como tengo varios amigos y conocidos en España (colombianos y españoles) y me mantengo al tanto de las noticias cruzadas entre los dos países, leí hace poco cómo las cifras refutan el estigma de delincuente que sufren los colombianos en España.

Según un estudio del Instituto Nacional de Estadísticas de España (INE) los argelinos, marroquíes y rumanos encabezan la lista de la criminalidad, refutando de plano la idea latente en muchos sectores de la sociedad española de que el inmigrante colombiano es sinónimo de delincuencia.

El estudio -titulado 'La población extranjera en España'- revela el número de detenidos por cada 1.000 residentes en España. El primer lugar es para los argelinos, una comunidad donde "prácticamente uno de cada tres ciudadanos fue detenido en el año 2000" por delitos y faltas, asegura el informe. Luego siguen los rumanos (90 detenidos por cada 1.000 residentes) y los marroquíes (50).

El cuarto lugar es para los colombianos, con menos de 40 detenidos por cada 1.000 residentes legales: cifra prácticamente idéntica a la que registran los colectivos francés, italiano y portugués. Por lo que el informe resalta textualmente: "por motivos de proximidad geográfica, o por el hábito de verles desde hace bastantes años tostándose en nuestras playas y hablando en su idioma natal, uno tendería a fiarse más de un francés o un italiano, que además supone con más recursos económicos, que de un iberoamericano", pero la realidad estadística muestra otra cosa dando pié a la sabia frase: "unos cargan la fama mientras otros cardan la lana".

Para terminar, me sorprendo al leer que del 100 por ciento de los detenidos por delitos y faltas en España, el 77 por ciento son españoles; el 11 por ciento, africanos; el 8 por ciento, nacionales de otros países europeos y sólo el 3 por ciento, iberoamericanos. Haciéndome concluir que el estigma se borra de inmediato con estas cifras y con el trabajo honrado, paciente y productivo de la diáspora de compatriotas que allí han ido a cosechar sus sueños, por encontrar esta tierra árida a sus deseos.

Por supuesto, hay quienes ni siquiera se enteran del sonrojo que pasamos muchos a este lado del Atlántico cada vez que en un noticiero se habla de un crimen cometido por un sudamericano en España. Es tan intenso el sentimiento de pena ajena, que muchos se avergüenzan de su nacionalidad y otros, más cándidos, ante la pregunta "¿qué quieres ser cuando crezcas?" responden sin vacilar: Extranjero.





 

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