Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Comienzo a escribir a muy temprana edad, con seis años, al igual que muchos niños de mi escuela, empiezo a descifrar garabatos y a hacer los míos. Mi tamaño y el de la mesa no logran acomodarse y el asunto me fatiga, me siento mejor haciéndolo de pié; pero la maestra me ayuda a cultivar las letras y la joroba al insistirle a mis padres: "que se siente al escribir". 

En la infancia y adolescencia mi pasatiempo oscila entre cuidarme del acné y estar frente a un libro abierto, escribiendo las letras allí encontradas en mi recién descubierta imaginación. Tengo pocos, pero la mala memoria que me caracteriza me llevaba a leer en varias oportunidades una misma obra con esa intacta capacidad de sorpresa.

Emprendo pues la eterna búsqueda pilar entre el Cielo y la Tierra, asumo desafíos e impugno por domar mi naturaleza obstinada. Llego al fin a la anhelada juventud y tanto mis hormonas, como mi talento, empiezan a notarse: en clase de Español, terminando Bachillerato, se me acusa incluso de retomar apartes de una obra para darle brillo a una mía. Calumnias de la oposición. 

Sin superar aún esa crisis de identidad, abandono por completo las lecturas literarias para sumergirme en las académicas y empiezo a garabatear mi asalariado destino sacando adelante una carrera para ingresar al mercado laboral en opción de alquiler. Propongo una vida ermitaña, busco la soledad en estado meditativo o artístico, fracaso. Luego, intento cruzar la línea del horizonte y construir un camino al Cielo, no encuentro punto de referencia que me permita dar el salto cuántico, trastabillo y a punto de caer ingreso al grupo experimental de teatro; me sumerjo en confianza sin saber las profundidades de sus aguas. 

Siete años después de navegar por tan amplio mar, naufrago. Busco la oportunidad de sincronizarme con el centro de la Galaxia y recuperar la luna perdida, decido llegar a puerto seguro y empiezo mi incursión en la tierra de los bardos, pero ni el poder conjunto de las nueve hermanas de Febo puede ayudarme a hacerlo decorosamente.

Durante los plácidos tres años de convivencia sin descendencia, viajo en el tiempo y el espacio, empiezo a componer una novela dedicada a mi futura(o) hija(o); de tropiezo en tropiezo termino por abandonarla (a la idea de la novela, me refiero) y me paso a los cuentos con moraleja para arrullar a mis pequeños, decido entonces garrapatear lo que me surge para luego no tener que andar inventando y dejo así muchas hojas en blanco. 

Queriendo usar mi recién descubierto talento doy el paso al infinito mundo literario más con temeridad que con seguridad. En fase de exploración y expansión recuerdo mis alas y luego de varios cuentos cortos muevo el otro pie y en pleno vuelo paseo mis plumas ante ojos críticos, quienes golpean con certero disparo. 

Sobrevivo a tremendo golpe en caída libre, pero los cuentos y mi orgullo quedan en astillas, conjugando el verbo insistir logro reconstruirlos sin que se vean las costuras. La sombra del miedo a viajar a lo desconocido se desvanece a medida que me entrego al misterio. El coraje viene solo y me proclamo juntaletras. Cumpliendo tan grata tarea me pica el gusano del tener y su comezón me lanza sobre las mesas de editores, agentes y jurados literarios buscando un asiento que aún no me ofrecen. Conecto el cable que me conduce a salvo de cualquier destino y salgo a buscar las gracias de Aglae, Talía y Eufrosina mientras averiguo mi lugar. 

Siento que la vida se me va, escribiendo. o lo que es mejor, que escribo mientras se me va la vida. Tenedme paciencia.





 

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