Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Sí cariño. Claro cariño. Ahora mismo cariño.

Hoy las enfermeras están de fiesta y las amas de casa de celebración aunque, no sé a qué viene ni en qué punto se une una Virgen mártir con el hecho de detentar el mando.

Santa Águeda, festividad del día en que esto escribo, nació en el año doscientas treinta, en Catania o en Palermo, no sé sabe bien, y ambas ciudades se disputan el honor de ser la cuna de la Santa.

Fue virgen y mártir, ya lo he dicho, y mártir lo fue por ser virgen a pesar de los vanos intentos de Quintianus, poderoso Senador, para dejar en el recuerdo de la muchacha la tal virtud -¿Acaso lo es?-. Muchos fueron los malos tratos, las fustigaciones y los castigos a los que sometió a la indefensa Águeda y viendo que no conseguía nada la encomendó a Afrodisia una mala mujer entregada a los placeres de la vida (una puta de aquella época) por ver si ella conseguía ablandarla y prepararla para la seducción enseñándole lo agradable y placentero que resulta caer en las tentaciones. 

Nada consiguió y, entonces, Quintianus, cabreadísimo, ordenó que le cortaran los pechos. Esa misma noche, en una aparición, San Pedro curó las heridas de tan infortunada virgen pero, poco después, tras soportar otras torturas y la indignación de su lascivo verdugo, murió.

Transcurrido un año desde su óbito, era el doscientos cincuenta y dos, el Etna estalló y su erupción, y los millones de metros cúbicos de lava que, irremisiblemente, anegarían toda la región de Catania, se detuvo ante la rogativa que sus pobladores elevaron a los cielos con la intervención de la Santa.

Pero ¿Qué tiene que ver todo esto con la celebración del día? En muchos lugares de España hoy las mujeres se hacen con el poder apelando a no sé que de ésta Santa, y lo hacen como si no mandasen todos los días y digo yo que la diferencia que encuentro en el ejercicio del mando en el día de hoy comparándola con el resto de los días es, únicamente, la desfachatez.

Hoy las camas deben hacerlas los maridos, la compra los maridos, la comida los maridos, la limpieza los maridos. Y, de todo ello ¿Qué opinamos los maridos? Pues algunos, condescendientes ellos, dicen: déjalas, así son felices. Otros afirman que no pasa de ser una patochada y otros, más cabales, fruncen el ceño y se lamentan imaginando hasta dónde serán capaces de llegar. Se empieza con chorraditas de este tipo, se sigue con aspiraciones de igualdad y acaban metiéndose en las listas al amparo de unas no muy justificadas, pero ya famosas, cuotas. ¿Qué será de nosotros? -Terminan preguntándose-.

Hace unos años nos mandaban a cazar mamuts mientras ellas se quedaban en la cueva cocinando tranquilamente al calorcillo de una hoguera que nosotros aprendimos a encender y ahora, ingenuamente, se meten en cualquier tejido de la sociedad; trabajan de casi todo, mandan en casi todas partes, retransmiten eventos deportivos en los que sólo intervenimos los hombres, legislan, juzgan, invierten y deciden. Lo siento por ellas, de verdad, muchas ya se arrepienten de haber empezado a trabajar.

Hoy tampoco rezaré a Santa Águeda, y como estoy hecho un lío, voy a dedicar un par de horas a su biografía por ver si encuentro el hilo conductor de todo esto.




 

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