Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

A la vista del Peñón de Gibraltar. Adiós a España. Malta.

elcano01Las luces de la ciudad de Cádiz, que quedaron por la popa, fueron extinguiendo con lentitud sus potentes reflejos. El 22, a las once de la noche, levamos y a las diez de la mañana del siguiente día, avistamos el Peñón de Gibraltar que con gallarda firmeza se mantiene inerte en el estrecho de su nombre. ¡Lástima que los ingleses tengan tan gran dominio en el Mediterráneo pudiendo ser legalmente nuestro, de España!; pero nosotros nunca hemos sido tan egoístamente fanáticos.
Los españoles, nobles y leales, se perdieron por su caballerosidad e hidalguía. Al repasar nuestra Historia, recordamos que nuestra Patria antaño era grande y fuerte, virtudes adquiridas a fuerza de heroísmo y espíritu ansiosamente noble y románticamente aventurero, abriendo cauces y puertos de luz con sus descubrimientos y magníficas epopeyas a las apetencias del mundo y a sus hombres elcano03sabios, saciando sus deseos de científicas y espirituales ampliaciones y llevando al íntimo convencimiento de los que nunca en nosotros creyeron, que nuestros hechos eran espléndidas realidades, y, si es cierto que actualmente para España se ha extinguido la antorcha o buena estrella de su antiguo poderío, no es menos cierto también, que nuestros despojos nos fueron hechos por la arbitrariedad, la superioridad numérica y el egoísmo. La Historia de los pueblos se repite, no existiendo fundamento para no creer en un nuestro y quizás no lejano resurgimiento y que nuestra recia y auténtica personalidad no sea "flor de un día".

Y dejando a un lado estas divagaciones, corremos el albur de nuestra oficial y romántica aventura.

elcano00Navegando con el corazón embargado de misteriosas sensaciones, dándole a España un adiós valeroso y con la esperanza de volver a ella fuertes y llenos de optimismo, perdemos de vista las costas españolas, para orientarnos con el meridiano rumbo a la Valetta.

Siete días de navegación fueron transcurriendo apaciblemente. A bordo reina un ambiente agradable. Todos nos sentimos orgullosos de ir en un pedazo de España a conocer nuevos horizontes; pero, prescindiendo de esto, ¡qué triste es encontrarse en el inmenso piélago, aislados de todo el mundo y contemplando tan solo cielo y agua!

Es triste en verdad, pero todos somos jóvenes y valerosamente salvamos los obstáculos que con frecuencia se interponen, con el fin de dejar a España a la mayor altura y demostrar en los demás países, que el español siempre fue bizarro, dispuesto a dejar dignamente enhiesto su pabellón en los más delicados trances.

¡Amanece! Es el crepúsculo matutino del día 29 de Agosto que viene a anunciarnos la terminación feliz de la segunda etapa. Con gran júbilo divisamos allá en lontananza el puerto de la Valetta, que, con su anchurosa bahía, se extiende a través del Mediterráneo.

Entramos con lentitud saludando a la plaza con una salva de 21 cañonazos y la banda de música toca seguidarnente el Himno Inglés. Una batería de tierra contesta a nuestro saludo; el remolcador del práctico nos sigue a corta distancia por la popa y en la bahía, en medio de una cantidad considerable de elegantes góndolas, dimos fondo.

El archipiélago maltés, que además de Malta (o antigua Melita) lo forman Gozo, Comino y los islotes Fiéfola y Cominotto, se encuentra -como es sabido- bajo el dominio de Inglaterra que le conquistó en 1800. El idioma oficial es el inglés, pero predomina el italiano entre los nativos. El puerto de la Valetta lo surcan infinidad de vistosas góndolas que, a primera vista, nos da la agradable sensación de que nos encontramos en Venecia, la ciudad misteriosa, la incomparable "perla del Adriático".

A las tres de la tarde saltamos a tierra y es digno de admiración el panorama que ofrece la isla. La ciudad es bonita, pero de un ambiente triste. Quizá nos parezca eso; el meridión de nuestra sangre está habituado a otras expansiones, porque causa gran aburrimiento encontrarse en un país, donde -la mayor parte- no podemos entendernos a entera satisfacción con los habitantes que lo integran.

Malta tiene sus costumbres típicas, sobre todo en medios de locomoción y tracción, lo mismo que en sus formas de vestir los naturales. Las mujeres van completamente enlutadas y, como detalle pintoresco, llevan en la cabeza una especie de toca en forma circular graciosamente inclinada a un lado que, a ciencia cierta, no se puede precisar si es para prestarles cierta airosa belleza o para preservarse del sol o de la lluvia.

La ciudad no es sucia ni limpia, está bien urbanizada y en general, estratégicamente subterraneizada; la arquitectura es muy sólida, de estilo parecido al catalán. El principio religioso está muy arraigado hasta el extremo de que, en las esquinas de cada calle, aparecen adosadas a determinada altura, esculturas de proporcionadas dimensiones y buena factura. Al anochecer, estas mujeres suelen discurrir por las calles acompañadas de sus hijos pequeños, rezando con un rosario en la mano, abstraídas e indiferentes a todo cuanto a su lado acontece.

(Continúa en el próximo número)




 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep