Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Las tradiciones no se improvisan. Las tradiciones no son caprichos de un pueblo que las adapta cuando le parece. Según su etimología, o sea la raíz de la palabra, tradición significa lo que nos trae el tiempo desde muy atrás, desde el comienzo de la memoria de un pueblo o comunidad como una raíz a la que vuelve esa memoria para no perder su identificación. Partiendo entonces de este significado, llegamos a la idea de que esas tradiciones que asimilamos en la niñez y aceptamos libremente cuando somos mayores, vienen de nuestros antepasados. Ellos, a su vez, también fueron receptores.

Pero, ¿cómo se afianza una tradición, con qué razones y convicciones un ciudadano cualquiera, más o menos cualificado, admite el contenido de una tradición y lo incorpora a sus hábitos, lo vive, lo piensa lo ama y, en suma, lo hace suyo hasta el punto de defender esa institución? Porque no cabe duda de que una tradición se instituye, toma cuerpo y se eleva par encima de las generaciones, y también es como una veleta que marca con el viento de los tiempos la dirección espiritual de ese pueblo concreto que posee ese conjunto de creencias, ritos y costumbres, respetables y sagradas.

He dicho sagrada, pero en un sentido muy amplio. Hay tradiciones sacras y tradiciones profanas, si echamos mano del lenguaje religioso. Tradiciones con las que el pueblo se solaza, se dispersa mentalmente, se destapa la válvula de su inconsciencia y encuentra en esas manifestaciones un medio legitimado y momentáneo para expresar su íntima condición. También hay tradiciones con las que el pueblo se introvierte, se concentra, se espiritualiza.

Habrá quien sea enemigo de ellas porque opino que despersonalizan, que nos obligan a adoptar unas máscaras circunstanciales. Habrá quien esté convencido de que es una consecuencia mecánica de una motivación adquirida también mecánicamente. Yo creo que no, y voy a dar unas razones.

Todos llevamos en nuestra alma una periferia que nos pone en contacto con problemas comunes, problemas que nos afectan a todos, o, en casos concretos, a grupos determinados Nadie puede esquivar ciertos deberes de educación. Hay, por lo tanto, una vida social, y detrás de ella una vida personal. Todavía podemos hacer un apartado de vida íntima, de actos o pensamientos muy nuestros, incluso inconfesables, Entonces yendo de un grado a otro de esa escala de la existencia, nos damos cuenta de que vivir es en cierto modo estar de acuerdo con los otros en muchas cosas, Incluso en algunas que no realizamos sinceramente. Pero este es el tributo que pagamos al intercambio de valores de todo tipo.

Sin embargo, las tradiciones tienen una reciprocidad positiva. Son, si se quiere, mitos, pero mitos necesarios para oscurecer nuestras diferencias y olvidarnos de nuestras particularidades. Con este gesto nos sumergirnos en un mar común de alegrías o devociones, conscientes de que esa adhesión no es inútil ni idiota, sino que nos reconcilia y nos hermana en este caminar desbrozando dolores, gozos incógnitas y misterios.






 

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