Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Ya me he convencido. Mis antiguas dudas, mis argumentos viejos y carentes de todo fundamento y hasta mis esperanzas basadas en la más absoluta ignorancia de la realidad, han caído por los barrancos que constriñen nuestro angosto camino. Luego, desprovisto de argumentos, dudas y esperanzas, no he tenido otra salida que admitir el hecho de que esto es una guerra. Pero no una guerra al otro lado del mapamundi, no una guerra que sucede en lejanos países de los que apenas sé cuatro cosas, es una guerra universal y activa. ¿Empezó en Yugoslavia? ¿En Afganistán? ¿En Irak? Quizá en Covadonga. Lo dirán los historiadores y a ellos sólo creeré, porque cuando hablan los políticos yerran demasiado a menudo.

Y esta guerra me da miedo, porque, ¿quién es nuestro enemigo? Se dijo que visten chilabas, que los turbantes cubren sus cabezas, que ocultan a sus mujeres encerrándoles en la ignorancia y que son muy distintos a nosotros. Qué sencillo parecía reconocerles. Qué fácil era señalar a nuestros verdugos y qué simple hubiera sido su aniquilamiento. Pero... alguien se cree todo esto.

Ahora se dice que el enemigo es toda una cultura. Que, en realidad, quien viene a luchar contra nosotros es una religión ¿Se acuerdan de las cruzadas?: banderas, espadas y cruces, que todo servía para golpear.

¿Conocen la España de los siglos VIII a XV? Era musulmana y a leches les echamos. Antes habíamos sido íberos y romanos y celtíberos y arévacos y pelendones, y uno de esos pueblos que antes fuimos no desapareció. El pueblo musulmán durmió quinientos años en sus cuarteles de invierno, y hoy, sobre un tablero de juegos de salón, contemplamos infinidad de piezas agrupadas en sectores de una Europa dibujada sobre el cartón. Ellos tiran los dados y, como si siempre saliera el seis, avanzan y se despliegan. Llegan por mar, asfixiados y harapientos, en camufladas embarcaciones que, en las instrucciones del juego, se llaman pateras, pero, al avanzar la partida, se van incorporando otras piezas mejor decoradas, con colores alegres como los que visten nuestros jóvenes, con trajes grises como los que visten nuestros ejecutivos, con talonarios de cheques y tarjetas de crédito. Y comen cerdo y beben alcohol. Pero no se mezclan. Viven en guetos de auto marginación. Rezan sus rezos en mezquitas que nosotros mismos les construimos y se someten a media docena de nuestras costumbres a cambio de un contrato de trabajo y de que autoricemos la entrada de sus familiares. Son muchos; un millón sólo en París, y serán más. De nuevo Al Andalus. (Tarik, en el año 711 con sólo nueve mil hombres, comenzó la invasión de la península Ibérica, invasión que culminó en cinco años).

¿Dónde empezó la guerra? No tengo ni idea pero la empezaron ellos o, al menos, algunos de ellos. Conocieron occidente y les dio miedo. Conocieron la cultura, la libertad y no les gustó. Vieron a nuestras mujeres peleando por una prenda rebajada en unos grandes almacenes y les aterró. Vieron a nuestros hijos divertirse y les invadió el pavor. Conocieron la democracia, la libertad, las oportunidades, la sonrisa en las gentes, la fe en el futuro, y no les gustó. No les gusta ser uno más entre nosotros. No les gusta que la gente de aquí no recite, de continuo y por la calle, los Diez Mandamientos. No les gusta que el sol salga para todos, pues ellos prefieren vivir bajo su luna, que para el musulmán es sólo media. Ese es nuestro peligro, no les gustamos y les damos miedo, pero miedo, lo que se dice miedo, es lo que yo siento cuando pienso que un chaval de doce años, o su prima de catorce o su tío de treinta y dos, son capaces, juntos o por separado, de ceñirse un cinturón de explosivos y apretar el botón en nuestras narices para ganar un cielo y una santidad que yo percibo injustos.

¿Nos vamos de Irak? ¿Nos atrincherarnos en nuestros pueblos? ¿Decimos que los que de ellos andan por las calles no son enemigos? ¿Cómo distinguirles para no errar en nuestra antipatía? El nuevo Gobierno nos lo dirá, que también eso lo espero del cambio y de la regeneración democrática. 




 

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