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(Especialmente para José Luis, y la bolche)

Azucena había activado la cadena de mensajes SMS y de correos electrónicos hacía ya más de un mes. Estaba obsesionada, desde que coincidió en Ciudad Real con Sara y su hijo, en que había que hacer algo sonado en la próxima reunión de Reproducción Asistida que iba a celebrarse para finales de mes en Madrid, con la asistencia de los mejores especialistas nacionales e internacionales en la materia, y por supuesto, -lo había leído-, del Dr. Enrique Millán, cuya sombra la perseguía desde entonces.

Releyó el correo electrónico antes de enviarlo:

Nuestro conocido, el Dr. Millán, asistirá como ponente al VII Simposium Internacional de Reproducción Asistida que se celebrará en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid el día 27 de Marzo.
Os invito a que nos personemos todas con nuestros hijos en dicho acontecimiento para mostrar, de una manera fehaciente, los éxitos palpables de tan maravillosa técnica científica.
Espero confirmación y asistencia.

Azucena

Le dio a enviar y se recostó en la butaca intentando que la ira que sentía en aquellos momentos no le produjera una migraña como las que llevaba meses padeciendo, precisamente desde que no tuvo más remedio que aceptar, al comparar a Juanjo -su hijo-, a Raúl -el hijo de Sara-, y a Nuria -la hija de Rosa-, entre sí, y certificar, no sin asombro al principio, y con indignación creciente a partir de entonces, no sólo cuánto se parecían entre ellos, sino, lo que era mucho más desquiciante y perverso, de qué modo tan sospechoso todos se parecían al Dr. Millán, hasta en aquella cabeza de buque hexagonal que le caracterizaba y definía.

Ya su marido, entre chirigotas, le había comentado que Juanjo había sacado más bien pocos de los rasgos de su familia, básicamente prietos y enjutos, e incluso, escasísimos de la propia, genéticamente larguiruchos y desgarbados, pero ella no quiso hacerle ningún caso en la certeza de que Juan, su marido, siempre reaccionaba a lo Groucho Marx tomando las evidencias más serias siempre por la vertiente jocosa.

Pero cuando con Nuria y Raúl pudo comprobar las coincidencias coincidentes de físicos, y supo que ambas progenitoras habían pasado por la Clínica del Dr. Millán en Sevilla, empezó a ligar cabos, sobre todo cuando le contaron que conocían a otra niña en Granada de la misma procedencia y con curiosas similitudes físicas con sus respectivos hijos.

A partir de entonces Azucena no había descansado ni un instante, y valiéndose de artimañas poco recomendables consiguió que su abogada y amiga Asun se hiciera pasar por mujer estéril y que consiguiera, con el adecuado soborno crematístico, las fichas de las mujeres que en los dos últimos años habían sido sometidas a una Fecundación In Vitro con semen de donante en la clínica del conocido doctor sevillano.

Dos meses llevaba dedicada, ante la desesperación de Juan, a una labor incesante de rastreo y evidencias morfológicas, y aunque había tenido que viajar a los puntos más dispares de la Península, se sentía satisfecha por haber conseguido reunir al menos 10 pruebas incontestables de clónicos clonados por el clon del Dr. Millán, todos igualitos, con la misma cabezota de buque hexagonal, y con aquellos ojos lánguidos de setter descarriado que le caracterizaban.

Ahora se acercaba el momento de la revancha, y Azucena sentía una mezcla de mesianismo combatiente y justiciero que la tenía sumida en un insomnio casi permanente, pero sabía que era imprescindible resarcirse de todas las dudas y dolores acumulados durante esos dos años de confusión y angustias.

Según el programa del Simposium, el Dr. Millán estaba a cargo de la tercera ponencia, que rezaba: Evaluación propedéutica de las técnicas de Microinyección Espermática (ICSI) en la FIV.

Al poco de comenzar su exposición, Azucena hizo una seña pactada a su grupo, y, encabezados por ella, comenzaron a avanzar hasta el escenario, cada madre con su hija o hijo FIV, todos parecidos, todos simétricos, todos con la cabezota hexagonal de barco sospechosamente similares al ponente, que se había quedado con la boca abierta y mudo al ver aparecer a sus 10 clones de la mano de sus 10 pacientes.

El revuelo que se produjo fue inmenso, cosa que pudo aprovechar Azucena para descargar toda su rabia acercándose al micrófono luego de empujar con furia al perplejo Dr. Millán. Y con una tranquilidad ficticia, desgajando iras acumuladas y ofensas guardadas de tiempo, se dirigió a los congresistas sin guión alguno, porque llevaba días memorizando el discurso:

"Señores congresistas: bien parece que es mucho más barato para algún especialista utilizar su propio semen en una FIV que el de un donante anónimo, pero a veces (y señaló con fruición a los 10 niños-clones que habían quedado formando una fila horizontal a la derecha del atril desde donde Azucena lanzaba su espiche) la mala suerte, o las dominancias genéticas, juegan malas pasadas a los mentirosos e inmorales. Estoy denunciando, señores, como habrán podido comprobar porque es más que evidente poder comprobarlo, la utilización maliciosa y miserable del propio semen del DR. Millán en las FIVs a las que fuimos sometidas en su clínica al menos 10 de las mujeres que aquí nos hemos presentado con nuestros hijos clónicos…"

En aquel momento el Presidente del Simposium pudo reaccionar y hacerse con la situación, y acercándose a Azucena la conminó a que se retirara del estrado y que pusiera la correspondiente denuncia, si lo creía necesario, en el estamento competente. El Dr. Millán, por su parte, se había escabullido aprovechando el tumulto y la confusión, pero allí estaban los 10 niños clónicos, hijos prolíficos del semen gratuito y dominante del Dr. Millán, que meses después fue expulsado del Colegio de Médicos, y años más tarde condenado por mal praxis, falsificación de documentos médicos, paternidad indirecta y forzada, y otros cuantos y variados delitos más rimbombantes, a cinco años de cárcel y a pagar, hasta su mayoría de edad, a los 10 niños clónicos hexagonales, 12.000 euros anuales pro-indiviso en concepto de educación compartida y obligatoria.

Lo que no cuentan los papeles es si los hermanastros involuntarios alguna vez fueron a visitar a su padre putativo a la prisión de Alcalá Meco…


(*) FIV: Fecundación In Vitro




 

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