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Abro una antología de poesía española del Grupo del 27 -o generación, como quieren algunos- y tropiezo por azar con el poema dedicado a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, fallecido a causa de una cornada de "Granadino", el 11 de agosto de 1934 en 1a plaza de toros de Manzanares. El diestro moría dos días después en e1 Sanatorio de Toreros de Madrid. Se había retirado en 1927, sin embargo, en el mismo año citado arriba, tomó la resolución de volver a los ruedos y reapareció en Cádiz en julio, un mes antes, por lo tanto, de su mortal cogida. 

Se dice que Sánchez Mejías había llevado a extremos emocionantes el lema nietzscheano: "Vivid en peligro". Es lógico, se dirá, corno cualquier otro torero. De acuerdo; pero en el torero sevillano esa inquietud se transmitía hasta en el campo literario. Fue autor de obras teatrales: Sinrazón, estrenada en Madrid en el año 1928; Zayas, en ese mismo año, en Santander, y también Ni más ni menos, que no llegó a estrenarse.

Sabemos que le unían fuertes lazos de amistad y compañerismo con algunos miembros de la generación del 27. En ciertos aspectos recuerda a otro poeta que está unido al mundo de los toros: Fernando Villalón, mas con el escritor que más se le asocia es con Federico García Lorca, que sintió su muerte como pocos y fue esta desgracia la que le inspiró uno de los poemas más escalofriantes y poderosamente líricos de nuestra poesía contemporánea.

La elegía Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, pasa, sin duda, por ser una de las composiciones logradas y antológicas del monstruo granadino. García Lorca fue, a mi entender, el único "genio", el poeta genial de altura y niveles universales de la generación del 27, y ello quedó bien patente en este poema en el que la atmósfera surrealista ("Por las gradas sube Ignacio/ con toda su muerte a cuestas./ Buscaba el amanecer/ y el amanecer no era"), alcanza giros y espirales delirantes ("hubo un aire de voces secretas/ que gritaban a toros celestes,/ mayorales de pálida niebla."). García Lorca es el poeta de más número de registros literarios: desde el poeta de factura tradicional, digámoslo así, como son sus primeros poemas, pasando por los sonetos tan llenos de sugerencias y en nada parecidos a los sonetos convencionales -a que tanto se presta esta estrofa- hasta el surrealismo más fiel a las exigencias teóricas. Tanto en su Romancero Gitano como en su Poeta en Nueva York el vate granadino derrocha unas potencialidades expresivas que producen entusiasmo en los poetas-lectores y deseos de imitación. Hasta en su obra dramática el lenguaje es mina de sorpresas. García Lorca une a su dolor de amigo, su imaginación de poeta en unas metáforas que rompen el esquema tradicional ("Como un río do leones/ su maravillosa fuerza. "¡Qué tremendo con las últimas/ banderillas de tinieblas!"). El poema va en una línea creciente desde la insistencia ("A las cinco de la tarde") y el coraje por ("la sangre derramada") hasta la aceptación terrible de la pérdida ("Pero ya duerme sin fin./ Ya los musgos y la hierba/ abren con dedos seguros/ la flor de su calavera.") Sin embargo, el poeta no renuncia al misterio ("La muerte le ha cubierto de pálidos azufres/ y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro."). El minotauro representa el misterio en la mitología, y el poeta toma esperanzado este símbolo.

Como muy pocas veces en la historia de España, la literatura y los toros caminaron juntos en la tertulia y confraternizaron también en la celebración y la tragedia.






 

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