Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
I
¿Cuestión de tamaño?

Me visita mi amigo argentino. Abro la puerta, entra, son pasadas las once de la noche, ni un hola da, pone un par de libros sobre la mesa, se sienta y sin más me espeta:

- Soy un cortapija.

Por el tono suena como si hubiera dicho tengo cáncer en fase terminal, pero de momento no lo advierto. ¿Cortapija? Ah, sí: mi amigo tiene ahora algo que ver con la fabricación de tornillos. Y sorprendido, le digo:

- Otra vez cambiando de trabajo. ¿Ya no eres asesor...? ¿Y qué oficio es ése de cortapija?

Mi amigo está hablando en argentino. A pesar de los años vividos en México, sigue como el día de su llegada. Y pija en su idioma quiere decir pene, lo cual se explica si se piensa en la morfología del tornillo.

Me doy cuenta de golpe y quedo mirándolo boquiabierto.

- Sí, un cortapija, tengo el pito muy corto.

Y mientras él articula las primeras palabras de una larga explicación, creo recordar... cierto: lo he leído en Hemingway; cuenta que una vez, residiendo ambos en París, su amigo, el escritor Scott Fitzgerald, le hizo idéntica confesión. Pero ya mi cuate es una catarata.

Vos sabés la importancia que eso tiene para la gente, como signo de virilidad y de dominio, en fin, tal vez más entre los hombres que para las mujeres mismas, pero ellas acaban usándolo como argumento... 

Lo interrumpo: ¿de qué estás hablando? la cosa me parece bastante minúscula. Y sin quererlo he lastimado a mi amigo quien responde con pesar: sí, una cosa minúscula es la fuente de mis problemas. No puede ser, no puede ser, insisto yo, si tienes una vida sexual regular, casado, con hijos, una mujer que te respeta y te es fiel... ¿de qué estás hablando?

-Es cierto -reconoce mi amigo-, la compañera no es peligro para las comparaciones, nos casamos muy jóvenes, en una época en que la mujer llegaba virgen al matrimonio y me ha sido fiel... pero siempre he querido conocer otra, mis colegas asesoras por ejemplo, y tal vez a la hora de coger no llegaran a darse cuenta, eso es inflable, pero voy a la cama con miedo y me agarran las inhibiciones, no se me para... yo sé eso de "no importa el tamaño sino que sea conversadora", pero igual sufro las inhibiciones y he estado leyendo libros, parece que ocurre pues en el fondo me siento culpable de caer en la infidelidad, sin contar el miedo al sida... ¿por qué me tuvo que tocar a mí...?

Mi amigo parece meditar unos segundos la imposible respuesta y prosigue: también la literatura médica trata el asunto, pénis no me acuerdo qué aludiendo a tenerlo de tamaño niño, las inhibiciones me persiguen no te imaginas hasta dónde, no entro a los baños públicos porque tengo miedo que el meador vecino se asome a mirar y se ponga a burlar de mí y agredirme como en la secundaria cuando en la clase de gimnasia había que desvestirse... y si el baño público está solitario tampoco me siento tranquilo pues alguien puede entrar en cualquier momento... en el cine tengo que aguantarme las ganas, el ser cortopene me inhibe y eso me lo retrae hasta casi desaparecer de la vista... es mi secreto, es la primera vez que lo cuento, temo constantemente me descubran, luego no soporto me estén viendo cuando me cepillo los dientes o me afeito, o cuando estoy cortándome las uñas y menos todavía las de los pies, no puedo leer una carta delante de otras personas ni contar el dinero, me equivoco, debo irme a otro lado donde me sepa al abrigo de los ojos de la gente... siempre el temor a ser descubierto como si fuera un delincuente, me parece que todos me escudriñan para averiguar mi gran secreto, mi vergüenza, mi injusta anatomía y con el ridículo hacerme pedazos... ¿piensas que serviría de algo consultar un psicólogo? En cambio los franceses, bueno, por lo menos los de París, yo los he visto, con tanta facilidad la sacan y se ponen a mear en plena calle, como si nada, están conversando con vos, attendez une seconde y se van contra la pared para que no les salpique y queda el reguero sobre la acera, vuelven y retoman la conversación como si nada... me producen la más profunda admiración ¿por qué ellos pueden y yo no? une petite seconde, s'il vous plait y ya está, no tienen miedo a que nadie se ponga a mirarlos...

Mi amigo finalmente se ha detenido, ensayo algo así como un comentario amable, informal, gracioso, no sé: tal vez se ponga pronto de moda el pito pequeño, fíjate las estatuas griegas, era parte de la armonía de los cuerpos... ¿qué más hubiera podido decir ante ese delirio sexual en catarata?

Mi amigo súbitamente se apaga. La sesión de confesiones ha terminado y se queda mirándome esperando una palabra. ¿Insisto con esos temas, de su familia, debe conformarse con lo que tiene, quizá buscar la atención de un psicólogo? ¿Y qué podría decirle que ya no supiera? Mi amigo queda vacío tras las confesiones y éstas, salvo como desahogo, son inútiles, yo no le traeré soluciones. Tristemente recoge sus libros y se va este Don Juan fracasado por culpa de la anatomía. Tristemente se va sin que pueda ayudarlo.

Son pasadas las cuatro, la madrugada está fría, llevo los vasos a la cocina, apago las luces, me acuesto. Pero no consigo dormir, mi amigo se perpetúa en las imágenes, da vueltas en mi cabeza. Y entonces vuelvo a recordar a Hemingway, su diálogo con Scott Fitzgerald. Éste le confía que su mujer, la única con quien se ha acostado en la vida, lo chantajea: es culpable, le dice, de ser cortopene, causa de sus traumas de mujer insatisfecha. Una cuestión de tamaño, y tal es el título del relato de Hemingway, publicado tiempo después de la muerte de Scott, a quien entonces alecciona: "es el más viejo procedimiento que la humanidad ha inventado para declarar a un tipo en bancarrota". Y le recomienda otra perspectiva visual, que no lo contemple desde arriba como habitualmente se hace, sino de costado en un espejo y verá que no es tan pequeño.

Salto de la cama, rápidamente ubico el texto en mi biblioteca y corro a telefonear a mi amigo, en este libro se lo reivindica. ¡Hemingway lo reivindica! Y bien, le leo el relato completo. No hay respuesta, cuelga sin decir palabra. Vuelvo el libro a su lugar y me acuesto.

Pero la historia no termina aquí.




II
¡Sensacional! ¡Los cortopene se sacaron la grande! 

Al otro día, una noticia sensacional da la vuelta al mundo: los cortopene cogen más o mejor que los largopene; y como si esto fuera poco, viven más. Claro, por una razón bien sencilla: tienen menos peso que levantar, la erección les cuesta menor esfuerzo, no es lo mismo inflar un globo grande que otro pequeño, y así no recargan al corazón, pasaporte seguro a la crisis cardíaca. Y luego, mantenerlo inflado, las proporciones se invierten: los largopene son de tiro corto, los cortopene son de tiro largo, se la pasan coge que te coge.

Con lo cual, el sujeto largopene se siente orgulloso de cómo lo ha armado la naturaleza, y en realidad se divierte menos y ha firmado su sentencia de muerte, casi nada. Y bien, todo esto es fruto de investigaciones científicas de alto nivel emprendidas en el Instituto de la Longevidad con sede en California. Allí los doctores Bluscumbliscli y Niablal, de fama internacional, han llegado a conclusiones irrefutables: sobre 6787 cortopene y 6422 largopene, el promedio de vida para los primeros resultó de 76.4 años y para los segundos de 52.5 años.

¿Que les parece?

Y hay más, se ha observado una alta frecuencia de eyaculación precoz entre los largopene, pues, al no saber si les darán las fuerzas para acabar la tarea, se angustian, caen en la sobrexitación y es cuando -¡zas!- se poncha el globo.

Ahora sí, mi amigo está plenamente reivindicado ¡la ciencia lo ha reivindicado! Y bien, enciendo el televisor para conocer más detalles de la sensacional noticia, cuando suena el teléfono, es mi amigo. Está radiante, se apresta a vivir cien años y me anuncia que se dedicará a las mujeres de tiempo completo, superada toda inhibición. Yo lo felicito por su cortopene y él se despide diciéndome que llamará a otros para participarles la lotería que se ha sacado. Mientras tanto, la televisión informa que la comunidad científica mundial pide se otorgue el Nobel a los doctores Bluscumbliscli y Niablal, quienes, rodeados de sus esposas e hijos, posan para las cámaras. Un cartel cubre ahora toda la pantalla: no importa el tamaño sino que sea conversadora.

Y ya los periodistas van sobre los dos sabios y les preguntan:

- ¿Cómo les nació la idea de emprender estas investigaciones?

Y la respuesta de los sabios, a coro:

- ¡Mirándonos al espejo!

Y las esposas, ante las cámaras, sonríen de felicidad.





 

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