Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Árdeme lo que no sé y apenas sospecho. Árdeme el sol con sus emblemas, con sus harapos deslumbrantes, con un caldero de ácidos raspando mis fisuras, con la resurrección de los rostros amados. Corro en la espesura de un bosque envuelto en vendas. Toda resurrección es la revelación de una verdad que ha empezado a herirnos, aun con las palabras arrancadas al sacrificio.

Tejías en los huecos del panal un amordazado enjambre de sobrevivientes, hecho al tamaño de una alcancía labrada con la carne del éxtasis. Son tuyos esos retazos, esta fauna enardecida por tu origen. ¿O acaso no estrujabas entre los dientes el diminuto sarcófago de la amargura? Pudiera ser el amor el reverso del crimen en la medida exacta entre martirio y lujuria.

Hay trece maneras de mirar un mirlo, cantó Wallace Stevens. A la aurora, las criaturas husmean despojos como si presintieran cuán mísero es el mundo. Después del mundo, sobrevive la ficción. En este martilleo no cruje la memoria.

Me mudo de rey a tribunal con el tacto oscilante de todos bajo el huracán de la desobediencia, pero debo avanzar -aunque ciego, aunque áspero- por estos intersticios de arena. ¿Por qué vivir un reguero de destinos guardado como un soplo sellándose en mi lengua? Es la corona que te fue prometida, atada a esta voz de grandes truenos con las alas de la permanencia.

Palabras en la tierra: piedras filosas arrojadas al teatro hormigueante construido sobre el viento.

No se desprenden las membranas del hielo viscoso de tu cráneo. Deseo de desgarrar esa cabeza, de incrustar en los lindes en guardia mi lástima y mi grito.

A veces pienso en el hambre de luz entrando por tu cuerpo. Le hablo a seres que no pueden escuchar. Les muestro el relámpago que confirma el temblor y la caída. Se alejan antes del sol, así como reyes de su escarcha. Continuamente, me deformo o me desprendo a través del prisma de los renunciamientos.

¿Y cuál será la tierra natal que me acompañe o me despoje cuando se nuble el iris de mi llaga? ¿Y sobrevive siempre la llaga en el costado?

Tal vez no preserve estas migajas, esta pelambre de repente abierta a la emboscada, a la boca perversa en cacería. Tal vez, la distancia. Tal vez, la nitidez. Tal vez, los frutos tumbados al sol.

He visitado un cangrejal de muñecas en un foso abierto a las enredaderas del diluvio. Sumergen los mapas que atravesaron el fuego resinoso del sudario. Desoladamente, desoladamente, Alcanzando el odio de unas manos, me perdí en la alegría.

Desperdicios de respuestas mutilan el aclarado resplandor de la leyenda. Me atavían para el vuelo, me hilvanan el obstinado enigma soplando en los subsuelos. ¿Cómo desprenderás el oro indecible de estas telarañas negadas al grito, a la humillación?

Voy a revelarte la puerta. El hombre amortaja la luz de su destierro.

¿En que choza de alambres das muerte al instante ? Sí, es la parodia de aquella mansión donde comes el sueño peligroso y lo vomitas, donde resplandece el augur de los desprecios y oyes la voz donde temes al miedo, y juntas las migas del seco abismo revolcado en sangre.

La noche traga su luz ciega. -¿Adónde el descenso de la cruz garabateada en mi espalda?-.

Con mi valija de sombras, reclamo el trono arrancado al viento de las islas. Ya es hora de escupir el paraíso vampiro en la morada de los dóciles.

Hasta entonces se apresuran las cortezas de una piel en suspenso, te embriagan las arrugas. Esta jaula que eres alardea en su carruaje. Tan sólo de unos pliegues respiras el espumoso vino de tus muertes.

Demasiado cerca el rocío de fulmínea eternidad para huir de esta casa. Debajo de cada piel, están la profecía de Jesús y el asco de los siervos.



Manuel Lozano
París, fines de septiembre de 2003




* Este texto pertenece al libro "La Noche Desnuda de Rostro Ciego". 
Derechos registrados.





 

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