Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Andaba vigilando sombras desde las atalayas donde las voces confusas espiraban en lamentos heridos. Siempre supo que ni siquiera los ojos servirían para hacer trasparentes las palabras, pero siguió atesorando, durante lustros, miradas abiertas, lunas con noches confabuladas de verdes, cantos de olas que acariciaban los pies con cosquillas de arena y algas, amaneceres prendidos de sueños expectantes: sonidos que las manos llevaran hasta las manos; amores que no se rompieran entre los laberintos de un aire contrachapado de nubes y grises.

Quiso atajar la lengua para no sentir el dolor de las distancias; remover la piel para no percibir el calor huido de las huellas antiguas; borrar los pasos y las sonrisas para no llorar muecas de abandono y sandalias descalzas.

Tardó en aprender que la voz miente, que mienten los ojos y que la piel se enfría cuando asoman precipicios insolentes en los páramos donde las lágrimas se tornan hielo, y los besos saludos descarnados de bienvenida o adioses. Necesitó siglos de sentimientos perdidos, de promesas fallidas y de razones huecas para entender el significado del silencio.

Supo, entonces, que las sombras siempre ganarán la batalla a la luz, que solo el silencio sería su camarada vigilante de mentiras.

Ahora anda buscando contradicciones al otro lado de los toboganes sin risas, atemperando el calor de las voces para que no le quemen los dedos con cicatrices perennes.

(Se sabe el rey: el rey de los silencios)





 

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