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En los primeros tiempos de Roma se usaban, en funciones de moneda, barras de cobre sin marca ni sello alguno. Al instituirse los decenviros (tribunales constituidos durante la república) se empezó la acuñación de moneda de esta clase de metal. 

Los primeros ejemplares eran fundidos y marcados con figuras de rudo estilo y trazos vigorosos. La unidad era el as libralis, pieza de una libra ó 327,45 g., aunque de hecho sólo pesaba 273 g. ó 10 onzas (más tarde perdería su valor metálico real y acabaría siendo una simple moneda fiduciaria).

La escala de valores de las monedas, sus equivalencias y marcas eran como sigue: As, que equivalía a 0,58 de nuestras antiguas pesetas, y en el anverso llevaba una cabeza de Jano; Semis, 0,29, en el anverso figuraba una cabeza de Júpiter; Triens, 0,19, y en su anverso una cabeza de Palas; Cuadrans, 0,15, y en su anverso una cabeza de Hércules; Sextans, 0,10, y en el anverso una cabeza de Mercurio; Uncia, 0,05 y una cabeza de Roma. Todas ellas llevaban en su reverso una proa de nave.

La moral romana en los primeros tiempos era muy austera, tanto que no se permitía el uso de utensilios de plata más que para determinados objetos destinados al culto, y ello con mucha limitación. Este metal se usaba sólo en barras. Pero, cuando la conquista de Tarento puso en un más estrecho contacto a los romanos con las gentes de la Magna Grecia, Roma hubo de aceptar el uso de la moneda de plata. 

En la baja Italia existían muchas fábricas que acuñaban moneda al estilo griego, y hasta el año 217 antes de nuestra Era estuvieron circulando las dos clases de monedas.

En 259 había entrado en vigor la reforma, pero en las fábricas de Italia sólo se permitió la acuñación de moneda de cobre y la fabricación de las de plata se centralizó en Roma donde se montó una casa de monedas en el templo de Juno que estuvo regida por un funcionario especial. Sólo se toleró en Capua una limitada fabricación que debía ostentar las marcas romanas, pero que no se atenía a la nueva valoración que se hizo de la moneda.

Acordada la unidad monetaria, el valor de las nuevas monedas de plata estaba regulado por la relación de los valores específicos de la plata y el cobre cuya proporción era de 250 a 1 (cobre-plata). Las nuevas monedas fueron como sigue: el Denario, equivalente a tres libras y media de cobre, o a un sesentidosavo de libra de plata; equivalía a diez ases con su nueva valoración de 0.10 pesetas; es decir, que un denario equivalía a una peseta de nuestra antigua moneda; el Quinario equivalía a medio denario, y el Sextercio a un cuarto de Denario, o sea a dos ases y medio. El as dejó de acuñarse, pasando a ser moneda imaginaria. 

Nos referimos solamente a las monedas acuñadas en el propio territorio romano, pues en las provincias existieron ciudades facultadas para emitir moneda. 





 

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