Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Especialmente para Lola-tequila, que seguro
piensa que no sé escribir sobre animales"


No había pelícanos lanzándose en picado sobre el agua, sólo gaviotas revoloteando y meciéndose en la superficie moviente, que comenzaba a platearse desde el horizonte iluminado por un sol sin nubes.

Había salido cuando aún las luces amarillentas de las farolas de la playa hacían guiños perezosos a las escasas olas que humedecían las arenas. El motor de su barca levantaba espumas, cortando los azules dormidos de un mar callado que se desperezaba balanceando su cuerpo pegajoso de la noche entre brisas de poniente.

Paró el motor y dejó que la inercia le aproximara al banco de gaviotas, mientras se recostaba en la proa para saludar a los primeros rayos de la amanecida.

Necesitaba esa soledad de brisa y agua sin más sonidos que sus recuerdos, y sabía que la pesca podía ser una buena terapia antes que los barcos de "bajura" poblaran, con sus redes de arrastre, los bancos de peces, y el silencio se hiciera un fracaso compartido en las voces de los pescadores y en el ulular de las hélices.

Cargó el cebo en el anzuelo, y dejó que la plomada hundiera con suavidad el hilo, mientras fijaba la caña al esquife de babor.

- ¡Eh, oye, podrías tener más cuidado!

Lo oyó con nitidez. Un poco gangosa la voz, pero perfectamente entendible. Miró a su alrededor: nadie. En lo que abarcaban sus ojos nada competía con el silencio que los rayos del sol iluminaban. Tan sólo unas gaviotas revoloteando por encima de su cabeza.

- ¡Pero, hombre, no busques en el cielo, que estoy aquí!

Un mero, con su boca de buzón con dientes y sus ojos saltones, sacaba la cabeza por fuera del verde iluminado del agua hacia el estribor de la motora. Se frotó los ojos con fuerza: no estaba alucinando…

- Perdona, ¿me hablas a mí?
- No, si te parece… Decía que podías tener cuidado con ese anzuelo inmenso que me has lanzado.
- Pero yo soy un pescador. ¿Qué quieres que utilice, una cajita de música?
- No, claro… pero podías haber esperado un poco a que nos despertáramos. Digo yo.
- Ya… Oye, ¿cómo eres capaz de hablar? Los peces no hablan, creo.
- Abdul Emengó me enseñó.
- ¿Abdul? ¿Y quién es Abdul Emengó?
- Un senegalés. Se hundió hace unos meses en una patera junto con otros veinte compatriotas mientras buscaba el paraíso.
- ¿Entonces?
- Está con nosotros. Dice que ha encontrado el paraíso que andaba buscando. Ya no tiene hambre ni frío. Ha aprendido el flujo de las mareas que no matan. Aunque, sinceramente, estáis convirtiendo nuestra casa en un estercolero…

Estaba un poco aturdido. Y no entraba en sus planes de soledad confrontaciones dialécticas con un mero reivindicativo.

- Y no sólo vuestra casa, no sólo…

Una gaviota se había posado en la popa de la barca. Su voz aguda interrumpió el discurso del mero, mientras movía los ojos nerviosamente.

- Tenéis el aire como una cloaca de humos pringosos…
- ¡Ah!, ¿tú también hablas? Vaya por dios. ¿No te habrá enseñado el senegalés?
- No, hace tiempo que Antoine nos dejó su voz.
- ¿Antoine? ¿Qué Antoine?
- Creo que vosotros lo conocíais como Saint Exupery. Era piloto y escritor. Un día se vino con nosotros, cuando se agotó de sombras y dudas. Se trajo a un pequeño príncipe amigo suyo.
- ¿Y podría yo hablar con Emengó y con Antoine?
- Me temo que va a ser un tanto difícil: te faltan escamas y te sobran aún demasiadas querencias de cemento…
- Y tus alas se han ido atrofiando entre petróleos y prisas…
- Vale… pero yo soy tan sólo un vulgar humano que ha salido a pescar y a pensar.
- Pensáis demasiado los hombres. Se os va el tiempo pensando, sin hacer nada…
- Déjalo, gaviota: están programados para odiar y olvidar. Se han cansado, demasiado pronto, de convivir y amar.

No era capaz de decir nada. Sentía millones de salitres pegados a su lengua.

- Dile a tus camaradas que se va agotando el tiempo del perdón y del olvido. Que nos están intoxicando de cadáveres y humos.
- Y cuéntales, también, que existen otros mundos diferentes y posibles: mundos de olas y de escamas, sin sangres programadas en el odio.
- ¿Estáis seguros? Hace demasiado tiempo que me retiré de magias…

Los arrastreros se acercaban ya con sus motores retumbando aguas y espantando los silencios. La gaviota alzó el vuelo dibujando círculos por encima del bote, y el mero se zambulló hacia el fondo dando un coletazo que le salpicó la barba.
Puso rumbo hacia los bloques lejanos que bordeaban la playa.

El sol de otoño comenzaba a calentar la cubierta.

- Y dile a Joan Manuel que ánimo, que estamos con él -gritó el mero acompañando a la barca por estribor- pero que se olvide un poco de "Mediterráneo" y que cante algo más "Plany al mar" (*), a ver si tus camaradas se dan por aludidos…
- Y que se acuerde algún día de nosotras, que también tenemos nuestro corazoncito, que desde que nos cantó "Mis gaviotas", allá por el 1968, se ha puesto un poco pesado con las palomas, que ya aburren un poco… -se quejó, volando a ras del agua, la gaviota.

Ya no podía hablar: su barca, sin patrón ni navegante, había puesto rumbo a las sirenas…




(*) PLANY AL MAR

Bressol de vida,
camins de somnis,
pont de cultures
(ai, qui ho diria...!)
ha estat el mar.

Mireu-lo fet una claveguera.
Mireu-lo anar i venir sense parar.

Sembla mentida
que en el seu ventre
es fes la vida.
Ai, qui ho diria
sense rubor!

Mireu-lo fet una claveguera,
ferit de mort.

De la manera
que el desvalisen
i l'enverinen,
ai, qui ho diria,
que ens dóna el pa!

Mireu-lo fet una claveguera.
Mireu-lo anar i venir sense parar.

¿On són els savis
i els poderosos
que s'anomenen
(ai, qui ho diria!)
conservadors?

Mireu-lo fet una claveguera,
ferit de mort.

Quanta abundància,
quanta bellesa,
quanta energia
(ai, qui ho diria!)
feta malbé!

Per ignorància, per imprudència,
per inconsciència i per mala llet.

Jo que volia
que m'enterressin
entre la platja
(ai, qui ho diria!)
i el firmament!

I serem nosaltres (ai, qui ho diria!)
els qui t'enterrem.

(Joan Manuel Serrat)





 

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