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Me ha invitado el Consejero Municipal de Cultura y el grupo literario "Despertar el ocaso" del municipio de Itagüí (Antioquia, Colombia), para que les ayude en la preparación de un certamen que convocó a la juventud escritora. Ellos, generosos, me nombraron jurado del evento y desde la perspectiva de la premiación quiero dedicarles, a los participantes, unas palabras que leeré durante la entrega de reconocimientos. Quisieron mis ganas de darle vuelta a todo, jugar un poco con las vanidades de los "elegidos", así que, sin amargarles el vuelo de cometa, he dejado una cuerda para el regreso de sus pies a la tierra. Va entonces la carta que reproduzco para ustedes por ver en ella reflejados los colores de mi cristal.


Apreciado Escritor:

Ser elegido como el ganador de un evento literario no te hace mejor que los demás participantes, sólo el afortunado que se llevará el premio esta vez. En los concursos de cualquier índole aparece siempre la suerte. No es un absurdo. La suerte llega para que te encuentres con un jurado al que le gustó lo que escribiste. No habría éxito si la obra cae ante un jurado al que tu creación le suene indiferente. La fortuna hace de las suyas si, además, tampoco se presentaron al concurso aquellos escritores que son mejores que tú; y el azar se pone de tu parte si quienes escriben mejor también participan, pero enviando su obra más mediocre. Ve despacio. Los aplausos marean y las candilejas enceguecen, sigue con cautela para que no tropieces con la vanidad y termines por romper el premio obtenido. Esto que te digo, lo aprendí concursando en varios certámenes, ganando algunos o siendo jurado en ellos; y sobre todo, lo aprendí leyendo. Incluso, confieso que esto mismo que ahora digo lo leí alguna vez de Mario Escobar Velásquez, con mejores palabras, eso sí, dignas de él, que es un gran escritor. Yo apenas las balbuceo en eco para que recuerdes, nítido, lo que dijo y ahora te repito: "Ganarse un concurso literario no demuestra que seas un buen escritor. Ni siquiera prueba la calidad de la obra ganadora".

Ser premiado puede ser contraproducente para el escritor; es una especie de "reconocimiento" del que debes saber su fecha de caducidad: esta misma noche. Mañana deberás enfrentarte de nuevo a seguir leyendo para aprender a pulir, a seguir hilando palabras hasta que queden decentes para escribirlas. De no hacerlo, por estar engolosinado con el sabor del triunfo de hoy, dejarás de ser merecedor de cualquier otra suerte que después se te presente.








 

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