Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2004 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Se acerca la Navidad, la fiesta cristiana por excelencia, y ya el sonido de las zambombas, panderetas y carracas -matracas les llamamos por aquí (como a los políticos)- llenan los aires acompañando villancicos y otras canciones que nos predisponen al espíritu navideño. Naturalmente, es fiesta jubilosa y larga y se extiende en el tiempo hasta la no menos festiva noche de San Silvestre, última del año, donde, entre brindis y abrazos, rodeados de caviar del Mar Negro y burbujas francesas, serpentinas y confetis, campanadas y taponazos, desearemos lo mejor del mundo a amigos y deudos, compinches y colegas, camaradas y cofrades y, en fin, a cuanto prójimo o prójima se tercie por las bandas o se nos pongan por delante (disculpen si omito por detrás). 

Pero no se queda ahí la cosa, no, y aunque no vamos a mencionar la fiesta del 1 de enero, día de Año Nuevo, por motivos obvios (ese día hasta bien pasada la tarde no se ve un alma en la calle), tenemos continuidades para nuestros jolgorios con la celebración del día de la Epifanía -más vulgarmente conocido como Día de Reyes- al que llegamos a trancas y barrancas, vacíos bolsillos y carteras, con el mal recuerdo de lo poco que duró la paga extra y el repeluzno de los ceros añadidos a la tarjeta de crédito, pero con una media sonrisa de satisfacción abombándonos los carrillos mientras vemos a la Gordi liada con su manual de instrucciones y su nuevo móvil con Bluetooth, Flashcámara, banda ancha, tecnología 3G y frenos de disco y a los nenes con sus nuevas consolas capaces de matar a tres millones de alienígenas -o lo que se tercie- con sólo pulsar un botón.

Pues, eso, qué quiere que les diga, que tantas santas fiestas obliga a todos, incluidos los emborronacuartillas más procaces, cáusticos y deslenguados (el inteligente lector sabrá si debe incluir aquí al dicente), a poner carita de niño bueno, a disfrazar en lo posible el goteante colmillo y a rebuscar en los adentros a fin de encontrar las nobles y justas palabras con las que desear paz y felicidad al resto de la caterva de mangurrinos que viaja codo con codo a bordo de este antiquísimo y destartalado vehículo terráqueo.

En fin, que ya sé que hay más intereses mercantiles que auténtico sentir religioso, más "agostos" peseteros que devotas festividades, más humana adoración al becerro de oro que veneración a lo divino, que, aunque todo el festejo se promueva en honor de pías ideas, al cotarro lo mueve más el motor de la pela y la satisfacción de los humanos vicios, tan nuestros, tan cercanos, que la admiración y respeto al mismísimo Dios, omnipotente e inconmensurable ser que sabe Dios por dónde anda, pero... teniendo en cuenta que no es sino una mínima tregua, un temporal alto el fuego, un breve armisticio para continuar escopetas en alto apenas los niños hayan terminado de destripar los juguetes y los altavoces callejeros silenciados sus festivas arengas, me voy a permitir sacar a la luz lo poco bueno que pueda quedarme entre tantas cicatrices y mordeduras y, de todo corazón, con auténtica sinceridad, desearles salud y suerte, tranquilidad y sosiego, sueños felices, bellos amaneceres y luz y color y alegría en sus vidas...

En fin, que les deseo Paz y Felicidad.





 

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