Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Sabe a mar este Porto sin puerto: sabe a mar y a vino oloroso, a Mozambique helado en este Enero sin juguetes, a Europa rescatada a punto del secuestro en un olvido de fronteras cercanas a la búsqueda de un tiempo que se perdió en el Atlántico.

Palacios decaídos en decadentes miradas que huelen a olas próximas, aunque sea el río quien los embadurna de humedades y ausencias; callejuelas de siniestras máscaras vendidas a los mercaderes de riquezas antiguas, tránsfugas ahora de negritudes que arribaron tras el derrumbe del fuego y del desgaste; fados de rancias voces transmutadas en canciones para el vecinaje que impone su empuje de tierras y negocios; rostros cansados en el peregrinar por un mundo que se desubica en las sombras de un futuro de horas y días huérfanas de identidades precisas.

Rivieira de un Duero que transita su soledad y su cansancio a la espera de los magos de Occidente, mientras las torres de las iglesias altivas retumban en reclamos de campanas huecas por S. Francisco, por la fortaleza-catedral, o en el granito resistente de la Torre de los Clérigos, mientras los tripeiros ya no transitan los cinco puentes porque las tripas de sus pescados de mar y río no tienen ahora cabida en el Banco Spíritu Santo o en el Millenium, sacrosantos emporios vendidos al empuje altivo de los hermanos hispanos.

Fantasmales bodegas en la rivieira de Vila Nova de Gaia, crecida al amparo de los factotuns prosopopéyicos de los lagares que se mecen sobre el río como modernos principados de Baco, con letreros luminosos y degustaciones que son el contrapunto pervertidor de los cálidos restaurantes de la orilla enfrentada, y donde la noche, la niebla y la humedad se hacen mar de mariscos y bacalaos á brassa.

Me apena este Oporto sin puerto y con paredes que se derrumban en la nada, de casonas grises y fachadas manuelinas oscurecidas por la humedad y el desamparo, de cafés sin parroquias y parroquias mestizas con santos de cartón y barro.

Amanece por las colinas de los barrios altos -amalgamas de hormigón sin duendes ni perfumes- mientras la niebla va alejándose hacia un Duero que bosteza.

Un Infante de Segres me despide moviendo sus bigotes alentejinos y balanceando su capa de Sandeman vendida a los hijos de la Gran Bretaña.





 

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