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por
Víctor J. Ronda
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RESEÑA
LITERARIA
El guardián de los espejos
José Luis García
Herrera.
Ediciones Amarú
Colección Mar Adentro
Salamanca, 2004 |
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Llega a mis manos "El guardián de los espejos", lo
leo y quedo inmediatamente atrapado por un torrente de imágenes
verbales. Creo que cualquiera que se adentre en los versos de este
libro quedará atrapado en un laberinto de espejos celosamente
guardado por su autor. A lo largo de sus páginas nos encontraremos
con la recurrencia de motivos e imágenes que envuelven los dos
temas fundamentales en el poemario: el paso del tiempo, el
descubrimiento de la propia madurez; y la importancia vital de la
labor poética y su ficcionalidad.
Desde
un tono elegíaco que tiende la mirada hacia el pasado, el poeta se
sitúa en su presente y reflexiona sobre su situación actual. El
primer poema, "La muerte en mis ojos", marca el eje
central de la temática y la tonalidad de todo el libro. Ante el
espejo el sujeto poético descubre las consecuencias del paso del
tiempo y adquiere conciencia de ellas: "De repente / nos supe
si mi vida -hasta ahora- podía ser llamada vida / o si ese tiempo
de rosas y cerezas era una tregua / que la muerte concedía como último
deseo."
Desde
este punto de partida se despliega una colección de poemas con un
marcado carácter unitario. Divididos en seis partes cada una de
ellas se identifica con el tema central de una manera diferente y a
la vez se intertextualiza con las demás.
La
primera parte "Un rostro en el espejo" enuncia, como
arriba se dice, el tema del paso del tiempo, que indefectiblemente
conducirá a la muerte. Es la conciencia de ello lo que hace
reaccionar al sujeto poético y buscar en el recuerdo, en la
melancolía y en la poesía alguna solución a sus preocupaciones:
"Retomaré la senda de un nuevo verso y negaré / mi dolor a la
experiencia de los años, / perdiéndome entre palabras
escarlatas". Aunque no olvida que la escritura en una forma de
ficción "temo que llegue ese instante donde yo sea yo / y
descubráis cuánto disfraz guardan mis ojos (...) / (...) / cuando
llegue ese día, espero haberme ido": una posición irónica
ante la sensación de que la muerte acecha, y, de forma paralela,
ante la creación de su sujeto poético.
El resto de las secciones del libro desarrollan el intenso arranque
de la primera. En "Ceniza entre lágrimas", "la
memoria renace de todas las cenizas". El uso poético de la
palabra se descubre como una liberación, como un forcejeo contra el
devenir temporal. Así aparece en "El ángel sin idioma".
Conseguir expresar la interioridad del ser a través de la imagen
verbal es equivalente al efecto que produce la imagen de alguien que
se mira en el espejo: "arrojas contra el suelo / los espejos
que muestran ceniza entre tus lágrimas / (...) / Sin embargo,
necesitas visitar al guardián de los espejos, / reencontrar tu
identidad después de cada noche, / poseer la certeza de que los demás
verán en ti / el rostro que te acompaña a través de los años".
El último
verso de esta parte enlaza con la siguiente: "te conduce hasta
el mar dormido de la muerte". En la tercera parte, "Los
espejos marinos", el mar es otro "espejo" de
profundidad insondable, donde se esconde el poder de la palabra poética,
la identidad personal y el paso del tiempo.
En
"Fragmentos de escarcha", el recuerdo es una herramienta
para fijar el tiempo, para conseguir que no escape del todo:
"la huida hacia uno mismo, hacia la memoria de hiedra, / es un
regreso hacia el manantial de los orígenes, / hacia esa voz
interior que nos ayuda a perseverar (...)"
La
quinta parte, se puede considerar como una recapitulación en la que
se compendian todos los elementos significativos que han aparecido
en las anteriores y parece concebida como una conclusión: "la
vida es un verso al final de la tarde fría, / en el umbral de la
noche, más allá del olvido."
¿Qué
ocurre con la última parte? La que parece más ajena al resto del
libro, pues el tema central es la guerra y las consecuencias que ésta
tiene en la identidad humana. Creo que, dentro del sentido unitario
del poemario, debemos entenderla como una coda que el poeta utiliza
para contextualizar sus poemas anteriores en una época y una
situación socio-histórica llena de violencia y tensión.
Si no
cuento mal, este es el séptimo libro de García Herrera. Varios de
ellos premiados; tal vez no haga falta decir que con todo
merecimiento. En todos ellos se muestra como un poeta solvente. Su
cuenta de procedimientos poéticos está bien saneada y surtida.
Pero me gustaría terminar resaltando, sobre todos, un rasgo, común
a toda su obra: el uso de la imagen de corte surrealista:
"Pétalos de rosa machacados en el mortero negro de la melancolía",
"El eco que repite la sinfonía de la mentira", "La
lluvia gesticula como un caballo loco", "Costuras
avinagradas de la soledad", "Ceniza entre tus lágrimas",
"la lluvia es el poema de los que se fueron"...
Unas imágenes
heredadas de los poetas del 27 (algunas de ellas parecen auténticas
greguerías, como las que incluían los poetas de la edad de plata
en sus obras). Sin embargo, además de la sorpresa que supone
siempre la gran capacidad de creación verbal que tiene García
Herrera, lo que no podemos dejar de apreciar es que sus imágenes
están enmarcadas en poemas que muy poco tienen de surrealista. Esta
síntesis de lo real objetivo y lo surreal afectivo es uno de los
logros más acertados y mejor conseguidos de este libro.
Víctor J. Ronda
Badalona, 26-11-2004
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