Pulvis es et in pulverem
reverteris.
Génesis, 1. 19
Para y ved, por un momento, humanos,
el fin del terrenal peregrinaje.
El cuerpo, que da al alma su hospedaje,
es anfitrión que esconde los gusanos.
Pero nos ciegan gozos cotidianos
y la ilusión nos ciñe un cortinaje.
La alegría y la piel son un ropaje
provisional con resplandores vanos.
Mientras tanto, en su largo cautiverio,
de Dios el alma tan olvidadiza,
en la esperanza tiene su cauterio.
Si en la tierra se siente advenediza,
no le debe dar horror de la ceniza,
pues la ceniza es sombra del Misterio.