Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Del poeta y escritor Jesús Solano hemos reseñado en este apartado de la Revista Arena y Cal otras obras suyas tales como Travesía de regreso y Poemas de cuadernos, y, si no recuerdo mal, Jacarandá.

Jesús Solano es uno de esos poetas auténticamente andaluces en el sentido de que extrae de su experiencia su obra, o sea, es notario de una rica historia de sentimientos vividos antes como niño-poeta, como adolescente-poeta, granero colmado para alimentar a la larga la memoria entre la imposible nostalgia y la buena conciencia de haber amado y dejar escrita su vida, entreverada con el entorno y la gente circundante.

Llega a mis manos, por envío suyo, Después que ha pasado el tiempo. Recuerdos, cartas y sueños. Trilogía. El libro, de 337 páginas e ilustrado con abundantes fotografías. está prologado por Francisco Núñez Roldán. El título ya nos pone en la pista de su temática: la biografía; mejor dicho, la autobiografía, por abarcar a toda la época del franquismo, nos ofrece un jugoso relato de todos los rasgos de un periodo histórico de nuestro país que, narrado desde la vivencia personalísima de una conciencia lúcida, nos la hace extrapolable a cuantos por edad y comunidad estamos capacitados para comprender su contenido.

Nacido en Aguilar de la Frontera (Córdoba), pero afincado en Marchena, Jesús Solano nos va contando con un ritmo sencillo una vida que despierta a la observación y hace de ella su aliada para archivar un cúmulo de recuerdos que con el tiempo resurgirán por medio de la palabra escrita."Estoy intentando detener las horas, y regresar a lugares donde estaba hace tiempo. He recogido mis pertenencias y miro los muebles, las paredes, y pongo en orden una serie de pensamientos. En la pared hay un reloj y un cuadro con motivos campestres(...) Estoy recobrando un tiempo que vive en (...) Estoy viviendo otro tiempo, como un juego, que en su día no lo fue (...) El ambiente se adentra lentamente en un silencio profundo y quedo en un vacío de sueño".

Estas palabras bastarían para conducirnos a una especie de profesión de fe intimista del poeta. El poeta no puede ni quiere renunciar a lo que ha vivido y con voz machadiana canta lo que ha perdido en el tiempo, en un ayer que está a trasmano de la evocación. Llegado a cierta edad, el hombre-poeta, que ayer fue criatura rodeada de estímulos que se van a grabar en la delicada piel de su memoria, empieza ese rebobinado del ayer sobrevenido por una gran capacidad de asociación: la casa familiar, el colegio, los amigos, el cine, la embriaguez de la música, el significado de los paisajes urbanos y rurales, el despuntar del enamoramiento y luego el amor comprometido, los primeros poemas, el primer trabajo, la muerte de seres queridos y el escalofrío del paso irreversible del tiempo son el patrimonio de nuestro poeta. Y creo que es también el tesoro de todo verdadero poeta, nacido para exaltar la vida en sus más nobles arrebatos y en sus recuerdos menos desinteresados, pero todo este tapiz está concebido como un sueño del que despertará el poeta, pero esta vez ante el hijo, cuyos aplausos, tras el recitado de un poema de la infancia, le devuelven al estado de vigilia. 

Recuerdos, cartas y sueños, que, como dice su prologuista, es la reconstrucción desde un mundo recordado como una unidad ética y estética, entreverado con matices andaluces y repartido el corazón entre dos pueblos de la Andalucía de tierra adentro. Morosidad en el lenguaje y delicia azoriniana de la descripción. Legado, en suma, de una sensibilidad entre la experiencia histórica de una España ya ida y la visión subjetiva e inalienable de un poeta que quiere sobrevivir en la memoria.








 

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