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María J. Calandria
Madrid

 



SECUESTRO EN SUPER-8

 

Nada es real excepto ahora
que hay muestras de antes
tan difusas,
al son de un tomavistas
disfrazando a su ritmo
el movimiento:
Imágenes de ayer.
Quiméricas noticias.


Ahí salgo yo.
Dicen que era yo la niña rubia;
la observo atentamente.
No recuerdo ese rostro
en el espejo
que evoco con frecuencia.
Recuerdo hablarle
al reflejo de mí misma,
si llegar a recordar
la cara de la oyente.


Tan antiguo es el mundo
bajo el ruido del motor
al girar de la bobina;
tan caducas las formas
y las luces,
que me cuesta admitir
que estuve allí.


Los años salpican la escena
y sus hilos retorcidos aparecen
bailando en primer plano.
Intrusos fugaces
que no tienen respeto
por la historia


Hebras negras que no son
de ahora ni de entonces,
y me sirven como puente
de arrastre. Tiro de mí
hasta el secuestro.


Hay un fondo triste
en este Super-8,
y quiero repararlo.
Voy a filtrar miradas
y extraer la niñez reparadora
de la infancia que no tuve.


Podría ser mi madre.
Ser capaz de abrazarme
con dulzura
y aceptarme como era.


En el último momento
me parece todo tan lejano
que me siento desahuciada
de secuestro.
Vivo, lucho y sobrevivo
con la única esperanza
de mi rapto.

Mi propio y último rapto
se hace indispensable.

 

 





 

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ISSN 1135 - 7541

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