Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Allí estaba.

Una niña en bicicleta, con los cabellos azules, en una burbuja en la vagina.

Pedaleaba con la sonrisa abierta y tarareando melodías infantiles de princesas soñadas.

Me asomé desde el espéculo y la rodeé con la luz del potente foco, pero no se inmutó: siguió pedaleando canciones en redondo en su burbuja inconsciente.

Le grité, acercándole la torunda, agitando su bola de espuma. Nada: tuve que romper la cápsula para que me mirara con sus ojos de búho miope.

- Hola -me dijo.
- ¿Qué haces en su vagina?
- Montaba en bicicleta. Estaba buscando la entrada...
- ¿Hacia dónde?
- No lo sé, pero tampoco me preocupa...
- ¿Pero no ves que estás caminando contra natura?
- Tampoco me molesta demasiado...

Le di un golpecito con la espátula para que tuviera bien claro quien ponía las reglas.

Un río rojo, perceptiblemente insinuante, comenzó a regar el camino de regreso.

La niña de cabellos ahora enrojecidos hacía esfuerzos titánicos para avanzar contracorriente. Era gracioso observar cómo se alzaba por encima del sillín de la bici para acelerar la marcha.

- Me temo que no tienes mucho que hacer ahora -le dije.
- Eso ya lo veremos -contestó apretando las mandíbulas mientras amagaba un mohín de contrariedad en las pestañas.

Me sentí malévolo cuando la vi ser arrastrada hacia el blanco algodonoso de la compresa con alas y perfumes. La sentí gritar:

- ¡Venga, por dios, que me estás estrujando como una pasa!

Poco después sentí cómo se perdía, con su bicicleta y sus cabellos azules, ya barruntados de negro, en el cubo de la basura.

"Quizás la semana entrante", pensé mientras retiraba el guante y me encendía un cigarrillo.





 

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