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Marié Rojas
La Habana (Cuba)

 

 

ATARDECER EN LA HABANA

 

Cae perezosa la tarde
Sobre los tejados sin brisa de mi vieja ciudad,
Sumando su ritmo
A los compases que emanan del músico ciego.

Nadie se detiene a escucharlo,
Mas su música nos persigue,
Rincón tras rincón,
Como la muerte
Que marcha a su lado.


El sol, en su despedida,
Jugando una última broma,
Nos transforma en oro.
Por un instante somos mágicos
Frutos de la huerta del rey Midas.


El instrumento reluce,
Se hace parte del convite,
El músico es oscuro
Cual la noche que se avecina,
Como el universo que divisan sus pupilas,
Como las oquedades más recónditas del alma.


Cae el sol,
En abrupto descender a los abismos,
Besa el mar.
Siento el hervor del agua,
El siseo imperceptible del contacto de dos mundos,
Más allá de cualquier geografía.


El músico no sabe que,
A partir de ahora,
La oscuridad es la misma para todos:
Para él se ha hecho la luz,
Cuando una nota clara
Se eleva desde sus labios,
Gruesos y agrietados como fracturas en el tiempo.


Ascendiendo,
Enroscándose cual reptil,
Totalitario e implacable,
En cada uno de nosotros,
Más allá de muros, tejados y balcones,
Poseyéndonos en su magia
Acompasada,
Suave,
Lenta,
Inevitable...





 



 

Dep- Legal: CA - 731-95
ISSN 1135 - 7541

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