Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces


Rincón de la Poesía

Rosa Manuel Lozano
Argentina



  


Queridos amigos: No sospechaba siquiera que, en mi último viaje a Perú, reencontraría a un Naylamp esperándome con la persuasión de un antiguo esplendor. Entre Lima y Cusco, Pisac, Ollantaytambo y los templos de adobe ancestral de Pachacámac -tan semejantes, desde cierta mirada, a los zigurats de Babilonia-, escribí sobre éste y otros dioses del temblor llegados desde el primer océano."



NAYLAMP


Cierzos, cenizas arrojadas a la arena.
Como inhóspita es la boca, así el brillo del día
te abandona a la pobreza de los hombres.
¿De dónde vienes, padre del temblor,
a pedir la certidumbre como reina de esta tierra,
a velar por la memoria, mi memoria,
la vasta fuente de la casa en que descubriste
los telares de espuma sobre el fuego,
el golpe de tambor que no doliera,
tu nombre hecho piedra, tan alto y tan hermoso?
Vienes por el viento
a sumergirme en la sangre de la divina máscara.

Quisieras haber amado una palabra de este mundo,
recordar el agua lúgubre brotando de los ojos
con la austera altivez de brújula, engendrándome.
Así no te alcanza la historia de los hombres. 
El pregonero se desnuda en su rostro, en su saliva.
La fiebre ha de buscar ventanas con penumbras de incendio.
Mientras corría sangre en el granizo,
¿Cómo era el retorno con manos de lava -padre del temblor-,
de qué enguantado aluminio me nacaró tu lastimadura?
Alrededor, entronizan a un guardián de dilecta astrología.
La irremediable madama estruja desechos
para un catre que gira hacia la muerte.
¡Telarañas desatinándose bajo la luna, frenéticas,
almohadas para cabezas de lobos, 
dientes de lobo dispersos 
en un zaguán oblicuo de Odilon Redon!
Que descienda de un salto la memoria abisal
desde la tentación del océano donde no ve tu iris.
(Aves de cetrería cuelgan de la alcándara,
y son siglos en el muro
los que labran redes feroces,
la máquina blasfema sobre el hueco del llanto.)
Que la pérdida fuera arrancada de los sótanos:
¿has reconocido lo que hiela sin fin en las persianas?)


Pido transparencia para hablar,
la pido con un soplo en la garganta 
mientras el vacío anterior a mí 
se hiela como seco antifaz entre los muelles.
¡Triunfante, triunfante, triunfante!
Eras llegado de agua a la isla que aún tiembla.
¿Cuándo? ¿Pero hasta cuándo?
Por aquí el prodigio del diluvio, por aquí el paso peregrino,
la turbia sed que se inclina ante los cuerpos.
¡La orilla, la orilla, el otro lado!
Se ignoran para siempre tu amor y tus vestigios
en la elegancia brutal de las chozas. 


Manuel Lozano
Cusco-Lima, abril de 2004








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