Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Decir que el fútbol, hoy, es el tema más general y cuestión imperante en noticiarios, prensa, crónicas deportivas y referencias sociales, es algo tópico, sobradamente sabido y que no debería necesitar más comentario para no añadir leña al fuego, fuego que es hoguera voraz que todo lo consume.

Antes, y no hace de esto en nuestra España mucho tiempo, para afirmar rotundamente lo deficiente y mal realizado que se ofrecía algo, afirmábamos categóricamente que era cosa «hecha con los pies».

Efectivamente, se anteponía siempre la cabeza (como signo de inteligencia, método, sensatez, acierto y buena disposición) a los pies (torpeza, desorden y sentido de chapuza).

Pero los tiempos, en esto de nuestro mundo personal y cotidiano, como en muchos otros aspectos, ha cambiado radicalmente, tanto, que los pies, hábilmente manejados por uno de esos artistas del balón, por arte, fuerza y maestría y técnica en su profesión, se ha convertido en el súmmun de una resonancia triunfal, que no sólo comporta ingente popularidad, sino verdadera riqueza, rápidamente adquirida y en fabulosas proporciones.

No hace falta que citemos las astronómicas cifras a que llegan las conocidas «cláusulas de rescisión» de algunos futbolistas, como Ronaldo, Guardiola, Mijatovic, Alfonso, Raúl, Romari o..., porque la lista es muy larga y los miles de millones, que marcan, son moneda constante.

Pero hay algo doloroso. dolorosísimo para mí, si meditamos un punto sobre este tema. Y conste que me confieso, sin ningún rubor, uno más de los millones de aficionados al Fútbol en nuestro país. Mas, a lo que íbamos y estábamos diciendo. Pienso que a los treinta y dos años (momento apropiado para el retiro de un futbolista y que es cuando está comenzando a iniciarse, sólo iniciarse, un investigador, un novelista, un médico, un químico o un poeta o dramaturgo, por poner ejemplos varios aislados y significativos) un futbolista de esos que consideramos privilegiados tiene ya en su poder una fortuna, por lo menos de dos o tres mil millones. Y si es, simplemente, un buen futbolista que no llega a figura excepcional (eso que llamamos un «crack»), no bajarán de cuatrocientos o quinientos millones los que haya conseguido en el transcurso de los catorce o quince años que puede durar su vida en activo. 

Y ahora es cuando yo me planteo las cuestiones y preguntas que me asaltan y a todos nos incumben. ¿Cuánto ha ganado en esos quince años el intelectual o el artista de valía? Muchísimo menos, infinitamente menos. Y le quedan largos años de trabajo intenso en el estudio y la investigación o en la creación en que tiene que seguir laborando, a diferencia del futbolista. 

Se me puede objetar, y algunos lo harán, que el futbolista arrastra masas enteras y el investigador o artista es un caso aislado, poco menos que un desconocido.

A esto yo replico simplemente: ¿Qué quedará dentro de nada de esos Ronaldo, Mijatovic, Guardiola y compañía? ¡Nada! Y ¿qué ha quedado, por ejemplo, de Fleming o de Severo Ochoa? ¡Todo! Ellos han hecho dar a la Humanidad (así, con mayúscula) un paso gigantesco; los otros, repito, ¡nada!

Pero la vida es así de absurda, de injusta y de estúpida y no hay quien pueda, sepa, ni quiera enmendarla. Por tanto, amigos, viva el fútbol (y con él todos los demás deportes, pero no por afición y provecho físico, sino profesionalizados) y que se las compongan como mejor puedan y sepan, científicos, investigadores, artistas y toda la ralea que lucha por la canija humanidad (ahora, con minúscula), porque no son más que altruistas y pobres visionarios que llevan, en su oscuridad y su general escasez económica, el castigo que merecen.

¡Y que Dios nos coja confesados a todos ante los disparates que promueve (con su suicida ley, al menos aquí, de la oferta y la demanda) este mundo incongruente y loco en el que nos toca vivir. Amen. 







 

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