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Me quedé de piedra, gratamente asombrado cuando, a primeros de este mes, el Presidente del Gobierno asomó su sonriente y beatífica faz en la pantalla del TV para hablar de la Sanidad pública y su financiación. En su discurso decía más o menos:

"...y desde el Gobierno no escatimaremos esfuerzo ni sacrificio alguno para salvar el déficit que soporta la Sanidad pública en las diversas Autonomías. Por ello, y aunque lo normal, lo lógico, sería echarle el muerto encima a los propios contribuyentes y subirle una vez más los impuestos de siempre, pensándolo seria y honradamente, apelando a ese sentido de la ética que debiera distinguirnos siempre a los que hemos sido elegidos para regir los destinos y el bienestar de los pueblos, he decidido que entre las medidas que propondré al Consejo de Ministros estén las de rebajar los sueldos, las retribuciones variables y en especie, los complementos de productividad, las dietas de asistencia, los gastos de representación y todas las demás retribuciones que actualmente cobramos todos los componentes del Gobierno y altos cargos, tanto de la Administración Central como de las autonómicas..."

De piedra, ya le digo... Y aún tuve que seguir escuchando muy atentamente cuando añadió:

"Y para ir salvando las diferencias que existen entre los 318 euros que cobra cada mes ese pobre obrero jubilado y los 30.000 que atrinca por el mismo período cualquier subsecretario de medio pelo, he decidido proponer en el mismo Consejo que se reformen los tramos fiscales de una manera clara y objetiva para que paguen más los que más rentas perciben y menos los menos favorecidos. Asimismo, teniendo en cuenta que el tabaco o la cerveza son artículos de consumo cotidiano por los que tienen menos poder adquisitivo -y quizás sus únicos vicios-, y que la luz, el agua, la gasolina, el pan, las papas o los tomates son artículos de primera necesidad para las economías más débiles, que se exceptúen de toda fiscalidad todos los productos básicos y se les apliquen impuestos y tributaciones especiales acordes a su rango a villas, chalets y mansiones señoriales, yates, aviones y barcos de recreo, coches de lujo, joyas, muebles, vestidos y todo tipo de objetos suntuosos..."

Fue entonces cuando aparecieron los dos tipos con aquella extraña camisa con correas y la cámara enfocó al presentador de los telediarios para dar cuenta de que había habido un error en la conexión en directo con el Palacio de las Cortes y emitido la representación que grababan en esos momentos de los Teleñecos.

-Pues, yo juraría que era Zapatero, joé... -me dije-. Vamos, que me juego el pescuezo que ese tío que salió era el Presidente en persona...

No tenía con quien discutirlo, así que alcé los hombros y le di al botoncito de apagar el televisor. Seguía pensando que aquello no había sido un sueño: aquello lo había dicho Zapatero. Estaba seguro. En fin... Agarré el vaso de whisky, lo apuré de un trago y eché al vaso lo que quedaba en la botella. ¿Siete u ocho, llevaba...? Ya ni me acuerdo...





 

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