Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
La presencia de la poesía en el cine es indiscutible. Ella, como Dios, aparece en todas partes y aprendiendo de lo sucedido en los días del génesis, ya no se permitió el lujo de descansar cuando llegó al séptimo arte. Como contraprestación a esta generosidad, el cine quiso aportar el sentido del movimiento a la poesía y desde entonces la imagen y la palabra van cada vez más cercanas. De no aparecer el cine comercial, hubieran terminado fusionadas. Al Taller de Poesía de la Biblioteca Pública Piloto ha llevado, nuestro director, la obra "Retrato de Artistas", del poeta Elkin Restrepo, editado en 1983. Dijo, el querido Jaime Jaramillo Escobar, que la obra merecía una reimpresión. Y ha surgido la ocasión propicia para sostener una opinión opuesta. Mis argumentos, más sólidos que nunca, me darán la razón que me asiste y la oportunidad de disentir por primera vez del criterio y la prudencia de quien me quiere mantener despierto y atento para evidenciar el encuentro entre poeta y poesía. Van pues mis consideraciones para demostrar que el citado libro, el cual tiene el propósito de establecer (¿recuperar?) la relación mágica existente entre la poesía y el cine; no merece una reimpresión. Merece varias.

En el libro "Retrato de artistas", el poeta presta su voz a los actores y actrices de cine; para que digan lo que debieron callar a favor de su prestigio. Los artistas, convertidos en estrellas, dejan su fulgor en el telón de fondo de nuestros imaginarios, pierden su ser para convertirse en su parecer, mientras arrastran consigo la aureola de la fama. Pasa el tiempo, se marchitan piel e ilusiones, se pierde el brillo; la aureola cambia a corona de espinas y la estrella comprende que es fugaz, que su película se acerca al fin y que pronto prenderán las luces de la sala.

"Por un instante eres feliz, un animalito removiendo cálidas aguas,
una plazuela al mediodía, una canción de moda.
Por un instante, como una dulce hermana,
tienes piedad de ti misma,
y no quieres ya el espejo que la enfermera te alarga,
y, como una colegiala nerviosa, lloras y ríes." (1)

Tienen ellos mucho que decir a través de la poesía, y más si usan el lenguaje diario. La forma de expresarse de sus espectadores, que los vieron iluminar pantallas y sueños. Dicen sus obsesiones, sus cobardías y sus vergüenzas. Hablan desde la cotidianidad de sus vidas en ocaso. La poesía les ayuda a expresarse en un estilo íntimo, sin la grandilocuencia que acostumbran los espectáculos de Hollywood; en el tono conmovedor de quien recuerda.

"Al fin la tarde se desvanece, blanca y sola,
como mi vida.
Queda, al fondo del hotel, el ruido opaco del mar,
su espuma deshecha y la oscuridad. La noche inmensa.
He venido a morir aquí,
y ya nada o poco comprendo." (2)

Ya nos lo han dicho: "Los hombres están dormidos mientras sucede lo más importante de su vida". Las luces del escenario enceguecen y los artistas son sus personajes, pero apenas se apaga la última candileja y en el aislamiento del olvido: surge la iluminación. La estrella vuelve a su centro, ya no gira nada a su alrededor, y entonces sale a la luz la revelación que comparten con los lectores. Es la voz del artista retratado gracias a la melancolía que transmite el poeta que la traduce.

"Aún siento, sobre mi alma, la luz de cien reflectores,
el loco bullicio, mi voz arrinconada en la locura,
mis venas tensas como hilos de guitarra.
No, no hay descanso;
mi vestido tiene tantos brillos como la noche, mi pañuelo
anudado al cuello es del color de un pueblo polvoroso
en la infancia, mi sonrisa ondea como una bandera izada
en otro mundo, mis cabellos caen, por un instante, en la muerte.
Por un instante mis ojos entrecerrados me hacen desaparecer
y la oscuridad me colma, me alivia como un bálsamo." (3)

A la par de cómo termina una proyección, acaba esa realidad tan diferente a la de la pantalla. Los protagonistas se despiden en la escena, cada uno toma su rumbo. Los espectadores contemplamos la pantalla en blanco. Termina el sonido. El espectáculo dice adiós. Tendremos que comprar otro tiquete para el próximo encuentro.

"Ahora que todo lo sabes,
y sólo eres un poco de polvo disperso bajo las estrellas,
bajo el más bello color de la noche,
pienso en ti, pienso en ti." (4)

En tiempos de los bárbaros romanos -decía mi abuelo-, el calvario terminaba en la cruz; los poemas nos muestran la última estación que nos estremece. Dicen que la diferencia entre una estrella y un fracasado son quince minutos de gloria. Al parecer el poeta no coincide con la afirmación, demuestra que un segundo basta.

"Un limpio firmamento cubre todo,
y yo siento en el matorral al mirlo
que salta y la radio del vecino de repente acallada.
Yo siento, ahora, que todo vive¸
y que mi corazón, oh Dios,
que para llegar a ti necesitó de largo tiempo, 
ya no se rehúsa y se conmueve."

Las fortunas y los pasos se gastan, es hora de andar más despacio. En sus carteras, antes abultadas, guardan ahora los documentos que hacen de ellos unos hombres normales. No todos los reconocen, como antaño. Muchos los ignoran y rechazan: empalidecen. Son ahora sujetos de multas de tránsito, sus tarjetas viejas habrá que renovarlas, la pantalla del cajero electrónico les niegan el saldo que creen tener. Disponen en sus billeteras de tarjetas caducas que han perdido el magnetismo (como el mismo artista).

"El tiempo que se llenaba de mi perfume no ha vuelto
y mi pensamiento anda perdido
como mi último par de medias,
como los días en que fui feliz y me amabas y corríamos
como animalitos enmelotados por la amistad de
un sol, que coloreaba sin
afán el papel de las praderas, y el oro de mi cuerpo
valía."

La magia del cine se basa en que la pasión proviene de la ilusión y que nos recuerda que estamos hechos de sueños. Los espectadores vivimos las experiencias, que no tendremos, en los personajes que tampoco las tienen. Después hablamos en plural, incluyendo al personaje elegido en un bando que no tenemos.

Con el libro, el lector/espectador podrá ver en un verso la existencia de un primer plano, del mismo modo que en la escena, que recordamos de alguna película, pudimos llegar a sentir el mejor de los versos de un poema.

La inspiración, aquello a que Gustavo Adolfo Bécquer se refirió como: "deformes siluetas / de seres imposibles... Memorias y deseos / de cosas que no existen"; también es proyectada en una sala a oscuras sobre una pantalla blanca y armónica. Allí el movimiento es vida. La fábrica de sueños comienza a funcionar y el denominador común entre la poesía y el cine empieza a ser visible.
 
 
(1) Pier Angeli
(2) Johnny Wesmuller
(3) Elvis Presley
(4) Miroslava







 

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