Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Durante el Imperio las emperadores fueron honrados incluso en vida. En las provincias, el culto del emperador, asociado al de la diosa Roma, adquirió una inmensa importancia política y religiosa. No querer asociarse a él, como lo hicieron los cristianos, equivalía a dejar de ser ciudadano y exponerse a implacables persecuciones.

El culto de Isis y de Osiris procedía de Egipto. En el año 38 se construyó en el Campo de Marte un templo consagrado a Isis. Desde entonces su culto se extendió por las provincias latinas del Imperio, pero sin reclutar muchos adeptos entre la masa de los provincianos.

Las dos fiestas más impresionantes eran las del «navigium isido» y la de la «inventio». La primera se celebraba el 5 de marzo. Al llegar la primavera, una procesión magnífica y extravagante se dirigía hacia el mar. Cuando llegaban a la orilla, se botaba una nave magníficamente adornada, consagrada a Isis. Todos los años, en Roma, en los primeros días de noviembre, los fieles lloraban la muerte de su dios. Se simulaban, con acompañamiento de cantos fúnebres, los viajes de Isis en busca del cadáver de Osiris. Una vez hallado el cuerpo se producía una explosión de alegría, y los cantos de triunfo delirante sucedían a las lamentaciones.

Desde las tiempos de Artajerjes, el culto de Mitra, originario de Persia, se había extendido mucho por el Mediterráneo. Destruido el imperio de Alejandro, los soberanos de los diversos Estados nacidos de aquella desmembración, se gloriaron de conservar cuanto les unía a la antigua Persia y, en consecuencia, el culto de Mitra fue objeto de honores especiales. En tiempos de Heliogábalo (218 d.C.) se intentó elevar al dios Baal, de Siria, a la categoría de divinidad soberana del Imperio. Los monstruosos vicios de aquel príncipe, y los desmanes a que dieron lugar las fiestas del nuevo Sol, provocaron una reacción contra los cultos sirios. No obstante, persistió la tendencia, que fue creciendo al reconocer en el Sol la divinidad suprema y universal.

Estaba entonces de moda proclamar que todas los cultos se referían a la adoración de un solo dios bajo nombres y ritos diferentes, conforme al genio de cada raza y de cada nación. Por lo tanto, no podía haber religión alguna que fuese falsa, ni ritos desprovistos de significación. El sacerdote de Isis podía ser gallo de Cibeles, y el devoto de Mitra podía participar de las misterios de Eleusis. Alejandro Severo colocaba las estatuas de Jesucristo y de Abraham entre las de Orfeo y la de los Lares en su oratorio privado. El Sol se había convertido en el símbolo de aquel dios supremo, origen de toda la vida, inmortal y omnipotente. En tiempos de Aureliano (270-275) el culto del «Sol invencible» triunfó, incluso oficialmente. El emperador le hizo construir un templo magnífico en Roma, instituyó en su honor espléndidos juegos y le colocó en la cumbre de la jerarquía divina, como el «Señor del Imperio Romano».

Alrededor del culto del Sol se concentró también la reacción pagana en los días de Juliano el Apóstata (360-363).

Este período final de la religión romana ilustra con elocuencia sobre la grandeza y la miseria del Imperio.



Dioses griegos y romanos
Nombre griego Nombre latino Simbolismo
Zeus Júpiter Águila
Afrodita Venus Paloma
Atenea Minerva Lechuza
Poseidón Neptuno Delfín
Apolo Febo Lira
Hera Juno Gavilla
Ares Marte Lanza
Heracles Hércules Maza
Artemisa Diana Ciervo
Demeter Ceres Espigas
Hefaistos Vulcano Martillo
Hermes Mercurio Caduceo
Hestia Vesta Fuego
Asclepios Esculapio Serpiente
Dionisos Baco Vides
Hades Plutón Cornucopia
Kronos Saturno Reloj de arena
     






 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep