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La Iliada y la Odisea no son un tratado didáctico de Mitología, ni tampoco obra de una inteligencia preocupada por coordinar las leyendas y explicarlas metódicamente, pero en ellas encontramos la historia de numerosos dioses. 

Los dioses de Homero eran hombres idealizados. Por sus venas circulaba un fluido misterioso que los mantenía inmortales. Eran más poderosos que los héroes, más ligeros que ellos en sus movimientos; podían hacerse visibles o invisibles a su antojo y habitaban en moradas espléndidas donde su existencia se deslizaba en una eterna primavera. Para vivir necesitaban nutrirse de ambrosía y de néctar y, si bien estaban exentos de la muerte, eran sensibles al dolor, se desesperaban, envidiaban, odiaban, se combatían y entre ellos surgían preferencias, venganzas, enemistades y rencores de índole puramente humana.

Por lo que hace referencia a la moral, su imperfección era todavía más notable. Los dioses estaban sujetos a las pasiones, tenían sus amores y su patriotismo local era exacerbado. Apolo mató a Patrocio a traición; Ateneo lanzó contra Ares los epítetos de «azote de los hombres, asesino y bandido de profesión».

Homero nos presentó la residencia de los dioses, el Olimpo, organizado en forma monárquica. Allí dominaba Zeus como soberano. Inferiores a él iban escalonándose los demás dioses y diosas: Hera, esposa de Zeus; Atenea, su hija predilecta; Ares, el dios de la guerra; Fobos, Hermes, Efestos, el herrero cojo y hábil; Afrodita, la de oro; Poseidón y Hades se repartían la soberanía de los mares y el mundo subterráneo. Al mismo nivel de los dioses, o más bien superior a ellas, mencionó Homero la Moira, la cual era concebida como un poder que fijaba el destino de los seres y en particular el de cada hombre y, sobre todo, la hora y género de su muerte. ¿Cómo explicarse el temor respetuoso de Zeus en presencia de la Moira, inclinándose ante ella y no atreviéndose a arrancar de sus garras a Héctor y a Sardepón, dos hombres para él tan queridos? Es que los griegos consideraban la Moira como expresión de la Ley que regula la vida de las míseros mortales, y manifestación de una regla superior a los mismos dioses y a su voluntad.

Las griegos de los tiempos homéricos concebían el alma como un principio material, sutil como el aire, unida al cuerpo hasta el momento de la muerte. Acaecida ésta, el alma se separaba conservando la forma del difunto; era su imagen pálida. Este «fantasma» se encaminaba hacia la morada de Hades y, efectuado el sepelio, se le abrían las puertas de los Infiernos situados bajo tierra, en el Erebo.

La suerte de los muertos era triste. Nada lo dice tan claro como la queja de Aquiles a Ulises. "Yo preferiría ser en la Tierra siervo de un pobre dueño, que ser rey de todos los muertos."

Del ser humano no quedaba sino una sombra vaga, sin memoria, sin razón ni sentimiento, arrastrando una indecisa existencia. Para que alguna emoción se reflejara todavía en su descolorida faz era preciso que comiera carne fresca o bebiera sangre de animales negros.

Hades no reservaba para las almas ni castigos ni recompensas personales, sea cual fuere la vida terrestre que hubiesen llevado. Sólo tres reos fueron sometidos a suplicios extraordinarios: Titio, Tántalo y Sísifo, los tres por atentar contra los dioses.

Una sola vez se mencionó una vida dichosa ultraterrena. Proteo anunció a Menelao que no moriría sino que sería transportado en cuerpo y alma a los Campos Elíseos. Allí la vida se desliza dulcemente, sin nieves ni inviernos, sin lluvias. El motivo de condición tan privilegiada no fue la virtud de Menelao, sino su parentesco divino: "Tú te has desposado con Helena y eres yerno de Zeus." El resto de los mortales estaba destinado a la existencia oscura y monótona del Erebo.


Dioses griegos y romanos
Nombre griego Nombre latino Simbolismo
Zeus Júpiter Águila
Afrodita Venus Paloma
Atenea Minerva Lechuza
Poseidón Neptuno Delfín
Apolo Febo Lira
Hera Juno Gavilla
Ares Marte Lanza
Heracles Hércules Maza
Artemisa Diana Ciervo
Demeter Ceres Espigas
Hefaistos Vulcano Martillo
Hermes Mercurio Caduceo
Hestia Vesta Fuego
Asclepios Esculapio Serpiente
Dionisos Baco Vides
Hades Plutón Cornucopia
Kronos Saturno Reloj de arena
     






 

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