Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2005 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Hay muchas formas y maneras distintas de entender la democracia. Excesivas, quizás, desgraciadamente. Tantas, tantas, que se acercan mucho a decir que hay una para cada individuo.

Pero la realidad cierta es que, ateniéndonos a la verdad y a unos hechos que no vienen de un ayer próximo, porque hunden sus raíces en la estructura social griega, democracia, lo que se dice democracia, no hay ni puede haber, en su sentido estricto, más que UNA. Con todos sus defectos, con todas las limitaciones que se quiera, pero con el convencimiento de lo que tantas veces se ha dicho: «La democracia es la forma menos mala de gobierno de los pueblos».

Consiste la democracia (esto lo sabemos todos, aunque se nos olvida con harta frecuencia) en el gobierno de la mayoría, libremente elegida por el pueblo (votación, con el cumplimiento de la cuádruple premisa de «secreta, libre, directa y universal»), con el RESPETO (y destaco esto como lo requiere) a las MINORÍAS.

¿Hasta qué punto, pues, puedo yo, ni nadie, convertir esa libertad en libertinaje? ¿Acaso no terminan mis prerrogativas donde comienzan las de mi prójimo? Respeto, pues, como primera norma para poder alcanzar el objetivo perseguido: la pacífica convivencia.

Todo abuso, por tanto, de autoridad; todo intento de amordazar voces ajenas, es, categóricamente, malo e injusto. Y no me canso de decir que la base de todo, la condición indispensable para un juego limpio, es el MUTUO RESPETO, sin prepotencias, sin injusticias, sin ABUSOS, en una palabra, de cualquier caso que sean. Porque aquí no vale (¡no debería valer!) la fuerza, y mucho menos si es bruta.

A este respecto convendrá recordar, una vez más, la etimología de la palabra. Y traigo aquí a colación la pequeña anécdota que siempre proponía a mis alumnos, mientras estuve en activo en mi cátedra de Literatura. Poco más o menos, venia a decir esto: Democracia, viene del griego demos, conjunto del pueblo libre. Y es, por tanto, repito, el gobierno del pueblo. Del pueblo que, libremente, escoge a quienes tienen que dirigirlo. Ahora bien, mucha gente (y muchos de vosotros, desgraciadamente), por no saber griego, hace derivar la palabra, que es lo que más les suena, de moco... y así nos va y les va en la vida, porque su sentido de la democracia es un verdadero moco.

Hasta aquí, la pequeña anécdota. Ahora, que cada cual saque las conclusiones pertinentes. Yo, prefiero callarme y seguir con mi fe en la VERDADERA, ÚNICA, democracia.








 

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