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   El color de mi cristal

 Opinión

África mía

por Aymer Zuluaga (Colombia)

 


Este continente, que nos contuvo a todos, la cuna de todos los hombres según arqueólogos e historiadores, resulta ahora ser una madre olvidada sufriendo el síndrome del nido vacío. 

Mientras los demás corrían a armarse, ella cantaba y danzaba en busca del origen de toda civilización: La música. Se hizo prudente. Pero tal prudencia le costó que a sus puertos llegaran algunos de sus hijos, que por alguna mutación perdieron sus pigmentos, y la asolaran llevándose a sus hermanos fuertes y hermanas fecundas. 

No pudo defenderlos. Afrontó la partida de sus hijos con la esperanza de que poblaran otros sitios y enseñaran sus tonadas a otros coros, su concierto ayudo a prosperar al mundo. Luego otros, descendientes de su savia, decidieron hacerles esclavos en su propia tierra; debían entregarles los minerales que en ella estaban y recibir a cambio miserias. Entregó lo que pudo a los mezquinos. 

A sus expensas, el primer mundo se ubicó en esa posición de que alardea y parece que la olvida y le da la espalda; ahora pone vallas y dispara a los que quieren entrar; cuando antes iba por ellos en barco. Oigo tambores.

Es África que nos llama en su canción de cuna. Su arrullo es un quejido.

 

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ISSN 1135 - 7541

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