Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Cumplidos varios años de la puesta en vigencia del TLC (Tratado de Libre Comercio) suscrito por México, Estados Unidos y Canadá, me atrevo a formular una crítica que confío tenga eco. En efecto, el TLC no ha contemplado un rubro de importancia capital: el intercambio lingüístico. Veamos. Los mexicanos, de larga data, hemos incorporado al español una serie de voces como los “ok, sandwich , business”, a las cuales se agregaron otras más recientes como “closet, filme, checar”. Y ni qué decir de expresiones anglohispanas como “me caes fain” o el travieso “pipi’s room”... en fin, ¿a quién se le ocurriría pedir un perro caliente en lugar de un “hot dog”?

Y del lado norteamericano, ¿cómo nos han correspondido? El conjunto de la sociedad -exceptuando, claro, las comunidades de origen hispano- registra bajo consumo de español, algún “macho” o “mi casa es tu casa”, o bien “muchacha”. Y así, la balanza comercial lingüística, hay que reconocerlo, resulta francamente favorable a Estados Unidos como país exportador.

Se trata pues de saber en qué medida expresiones de uso frecuente pueden ser vertidas del español al inglés, y propuestas al otro lado para su consumo lingüístico. Vayan algunos ejemplos. Con mi amigo, el pintor Miha, vimos cómo es fácil transformar “mi reina” en un “my queen”, que por cierto no pierde su toque galante. Ofrece un poco más de dificultades el “madre y media”, pero un “mother and a half” podría sacarnos de apuros sin salirse de la traducción literal. El popular insulto mexicano de “hijo de la chingada” tiene un particular matiz respecto del norteamericano “son of a beach”. El primero se refiere a una mujer violada, el segundo a una mujer que vende su cuerpo. Tal vez, siguiendo la tradición chicana, pudiera crearse en inglés un nuevo término, de modo que quedara así: “son of the chingated”. No sé si “what a few mother” equivaldría a nuestro “qué poca madre”, en fin, cada caso debiera ser estudiado dentro de una comisión de especialistas al seno del mismo TLC, recomendando la creación de un subcomité dedicado exclusivamente a las diferentes acepciones de la palabra “madre” en el español mexicano ante la perspectiva de vertirlas al inglés.

Todo esto se propone en vistas a facilitar la adopción de nuestras voces y expresiones en Estados Unidos, donde se alberga una tan importante minoría hispana. Pienso, además, que tales iniciativas contarían con el apoyo latinoamericano. Ni los cubanos podrían negarse pues el nombre del legendario yate “Granma” -que en 1956 llevó a Fidel y sus compañeros a desembarcar en la isla- deriva de “grandma”, abreviatura cariñosa de “grandmother”, algo así como “abue”.

Todo sea en aras de un TLC lingüístico, IVA desglosado y control de calidad.
 
 




VOCABULARIO DE MEXICANISMOS
Mi reina: amable y respetuoso tratamiento a una mujer con toque galante.
Madre y media: mucho.
Qué poca madre: qué poca vergüenza.


.





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep