Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
La mentira, o sea, el decir cosas contrarias a la verdad, callar u omitir toda o parte de ésta, o fingir o aparentar lo que no es cierto, es una característica o propiedad innata y consustancial con el ser humano. Tan es así que, ya antes de aprender a hablar, aprendemos a llorar y a quejarnos -fingiendo supuestos dolores o malestares- para recabar la atención y los cuchi cuchi de la santa madre que nos trajo al mundo.

Con el tiempo, esta pseudocualidad se desarrolla y, en general, apenas descubrimos con quien nos jugamos los cuartos en esta tremebunda y embaucadora cosa que se llama vida, nos vamos haciendo auténticos maestros de la patraña, la superchería y la trápala. Y por ello -unos más y otros menos, según la existencia y afianzamiento de los propios principios-, los más espabilados y talentudos suelen aprovecharla para sacar tajada en el contexto general que supone el día a día.
Podríamos citar a muchos miles de los más procaces mentirosos y embaucadores que recoge la historia y la literatura -y la prensa contemporánea, naturalmente-, pero, para no herir susceptibilidades ni que se puedan sentir infravalorados nuestros actuales grandes troleros, nos abstenemos de dar nombres y enfocamos el tema desde la generalidad.

Naturalmente, si encargáramos a uno de nuestros organismos estadísticos una encuesta sobre quiénes les parece al pueblo que son los que más mienten y operan en el chanchullo -dentro de un contexto general-, el resultado nos sorprendería porque leeríamos algo así como: "Contribuyentes: 67 %; Medios de comunicación: 1,2 %; Banca y grandes empresas: 0,9 %; Políticos: 0,7 %..." Y vendría avalada por la ficha técnica sobre el ámbito, universo, forma y procedimiento de la muestra, etc.

Vd., mientras lee, se rasca el cogote y no sabe si soltar la carcajada o si cagarse en la madre que parió a tanto pendejo que nos considera tonto del haba. Pero, no se cabree y sonría. Sir Winston Churchill también pensaba como Vd. y confesaba: "Sólo creo en las estadísticas que yo mismo he manipulado."

En la filosofía griega existe un sofisma llamado Argumento del mentiroso, atribuido a Eubulides de Mileto, que dice: "Si tú dices que mientes, y al decirlo dices la verdad, mientes; ahora bien, como estás diciendo que mientes y lo estás diciendo con verdad, mientes. Pero, si mientes, no dices la verdad, por lo tanto, no es verdad que mientes."

La mentira existe a nuestro alrededor en cantidades inimaginables, algo así como un gran río que fluye constante desde todos los ámbitos. Pero, como forma parte de nuestra vida cotidiana, como estamos acostumbrados a convivir con ella, apenas nos percatamos de su presencia y enraízamiento. Ni siquiera las grandes mentiras que nos endosan nuestros dirigentes, como por ejemplo, el motivo de la guerra de Irak, las armas de destrucción masiva, la autoría del 11-M, las circunstancias del hundimiento del Prestige, las motivaciones de la nueva normativa del tabaco..., y un larguísimo etcétera, nos conmueve más allá de un encogimiento de hombros.

En fin, que continuaremos engañados y engañando, jodidos y jodiendo -mientras que el cuerpo aguante y el embozo no se nos descomponga demasiado-. Al fin y al cabo, sólo hay que echar un vistazo alrededor para ver que es verdad lo que nos dicen: que España va bien, que el mundo va bien, que todo va bien, coño... A ver si de una vez nos convencemos de que tenemos unos dirigentes que son la reostia de virtuosos, honestos, serios y honrados. Por eso a quienes más les crece la nariz no es a los políticos sino a los contribuyentes. Vea, si no, las estadísticas...





 

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